lunes, 21 de agosto de 1989

Café y economía

El cambio en las reglas de juego del sector cafetero, introducido por la suspensión del Acuerdo Mundial del Café, permite hacer unas observaciones elementales sobre la economía de nuestro principal producto de exportación. Más específicamente, nos referiremos a la decisión de vender café de las existencias acumuladas y a la conveniencia de mantener una diferencia entre el precio externo y el precio interno.

El número de sacos que se deben exportar es un tema que suscita la opinión de muchos comentaristas. Muchos de ellos aceptan la idea expresada en la Columna del Café. [1] "Hoy día, se hace necesario darle un tratamiento distinto a los inventarios. En primer término, se debe aprovechar la libertad de mercado y la demanda existente por nuestra calidad para descargar éstos". Este enunciado, aunque puede parecer acertado, no resiste un análisis detallado. Está dejando de lado que, en este tipo de decisiones, el vendedor debe tener en cuenta que la cantidad demandada de café, como la de otros artículos, está afectada por el precio al cual se vende.

Evidentemente, en cada caso específico es necesario contar con información sobre el comportamiento de la demanda con relación al precio. Este conocimiento empírico se puede resumir en lo que técnicamente se llama la elasticidad de la demanda con relación al precio: el cambio porcentual en la cantidad demandada como respuesta a un cambio porcentual en el precio. [2] Si la elasticidad de la demanda en valor absoluto es menor que 1, los ingresos recibidos al ofrecer una cantidad mayor a un precio menor, son menores que los recibidos inicialmente. Por el contrario, si la elasticidad de la demanda, en valor absoluto, es mayor que 1, los ingresos serían mayores con un precio menor. Por ejemplo, si la elasticidad de la demanda fuera igual a 2, se tendría que la disminución del precio en 10% se compensaría con el aumento generado del 20% en la cantidad demandada.

Por otra parte, en la medida en que el artículo analizado no tenga  posibles substitutos, es posible pensar que la demanda no se verá afectada por el precio y, por lo tanto, la elasticidad de la demanda será baja. Aún más, la demanda de los bienes de mejor calidad tienden a ser menos sensibles a los precios que los bienes de consumo popular. El Mercedes Benz tiene una demanda menos sensible al precio que el carro popular; los apartamentos en Park Avenue, la Costa Azul, Cartagena, tienen una demanda menos elástica (elasticidad más baja) que los apartamentos populares en Bogotá.

Las políticas de comercialización de los productos también dan una indicación de la sensibilidad de la demanda con respecto al precio. Los productos con demandas poco elásticas, por regla general, usan bastante propaganda y no compiten en precio. Más aún, para la comercialización de estos productos de baja elasticidad, se forman asociaciones de productores o carteles para lograr restricciones en las cantidades vendidas y lograr mejores condiciones para los productores.

Al analizar el café, la existencia de  una asociación de productores y un esfuerzo de promoción y propaganda bastante grande, permiten inferir que su demanda no parece ser muy elástica. Si además, analizamos el caso específico del café colombiano, podríamos concluir que por ser el producto de mejor calidad, tendría una elasticidad menor que la del resto de las otras variedades.

Estas inferencias están además confirmadas por un estudio del Banco Inter-Americano de Desarrollo. Al analizar los diferentes productos agropecuarios se encuentra que el café colombiano tiene una demanda inelástica y que, por consiguiente, la política recomendada por la mayoría de los comentaristas sería nociva para el país pues se reducirían los ingresos de importación.

Una segunda oportunidad de aplicar el análisis económico en el caso del café se presenta al considerar la decisión de eliminar los impuestos al grano. El estudio de la teoría del comercio internacional nos muestra que en casos en los que el país puede ejercer  influencia sobre el precio de su producto de exportación, debe definir un impuesto para lograr capturar así los beneficios de su posición monopolista. De otra manera, los beneficios serían capturados por importadores o productores.

Estos beneficios pueden canalizarse a través de un impuesto en especie, un impuesto monetario, una tasa diferencial de cambio por debajo de la del resto de productos o  mediante una combinación de estos. En el caso del café se ha apelado a estas medidas, ocultando un poco la razón principal de su existencia. Sin embargo, debe anotarse que desde el punto de vista económico, la principal  razón para gravar el café, y no otros artículos, es la de explotar la importante posición de Colombia en el mercado cafetero. Otras razones como las de estabilizar el ingreso cafetero, tienen un respaldo teórico menos sólido y están basadas en un sentimiento paternalista, al suponer que los productores no son capaces de utilizar eficientemente sus ingresos altos, guardando ahorros para la época de las vacas flacas.

Independientemente de si el precio es alto o bajo, es importante mantener una diferencia entre el precio pagado por el consumidor extranjero y el pagado al productor colombiano.  Dada la importancia del país en el mercado, debe procurarse que el ingreso generado por este diferencial vaya a manos del gobierno y no quede en otros bolsillos.






    [1] El Espectador, Domingo 6 de Agosto de 1989.
    [2] Parámetro que, por lo general, es un número negativo que puede variar entre cero y un número infinito.

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