lunes, 23 de abril de 1990

Mitos y Realidades del Crédito

Para muchos la solución de los problemas se encuentra en el uso creativo del crédito. No es raro leer que el sector agropecuario, la pequeña industria o el sector informal pueden producir más si se les aumentan los recursos de crédito. Esta teoría encuentra el respaldo en la diaria existencia. La familia que ha podido comprar su primer televisor por que le concedieron un préstamo, el profesional joven que se hizo a su vehículo a través de los consorcios y los yuppies colombianos que compraron su vivienda a través del sistema UPAC son testigos de excepción de las bondades del sistema de crédito.

Infortunadamente, lo que es cierto para un caso particular a menudo no se cumple para todos. Si alguien se levanta en un estadio puede ver mejor algunas escenas de un partido de fútbol, sin embargo si todos los espectadores se levantan al mismo tiempo no solo no ven mejor el partido sino que terminan más cansados. Esto que el Profesor Samuelson ha llamado la falacia de la composición puede aplicarse a muchos aspectos relacionados con la economía y especialmente válido para el Crédito. Las ventajas obtenidas por  un sector cuando se le asignan recursos adicionales usualmente se derivan de un peor tratamiento a otros sectores o los ahorradores. 

Los mitos sobre el crédito como el del famoso crédito productivo que ha servido de base conceptual para el llamado crédito de fomento tienden a persistir en Colombia. Las investigaciones colombianas a veces no tienen la divulgación que merecen. Los investigadores de FEDESARROLLO han encontrado que el volumen de crédito no incentiva la inversión en Colombia pero parece que nadie les cree pues se sigue recomendando como solución para una mayor inversión más crédito y menores intereses. Los modelos econométricos muestran que no hay un efecto positivo del volumen de crédito en la inversión de algunos sectores y sin embargo se continúan promoviendo esquemas de crédito de fomento.

El impacto negativo de los subsidios al crédito ha sido documentado en casi todos los estudios sobre distribución del ingreso sin que esto haya tenido mayor influencia en el cambio de las políticas crediticias. Por el contrario se persiste en asignar el crédito a nivel de detalle. El UPAC ha tenido toda suerte de distorsiones mediante la asignación de cuotas a diferentes tipos de vivienda cobrando tasas de interés diferenciales. Como consecuencia de este excesivo intervencionismo se pierde la transparencia del sistema haciéndose difícil conocer las tasas reales de interés realmente cobradas.

Estos estereotipos sobre el comportamiento de la economía no solo originan recomendaciones equivocadas sino que impiden apreciar los grandes cambios que están ocurriendo en el sistema financiero. Por ejemplo, para muchos la pérdida de participación del sector industrial en el crédito total de la economía es uno de las principales causas del pobre comportamiento de las manufacturas en Colombia. Sin embargo, esta reducción no es un indicador negativo sino que más bien muestra unos cambios importantísimos en el sector financiero. Desde la creación del sistema UPAC los industriales que producen materiales de construcción no tienen que financiar totalmente al comprador de sus productos sino que esto se hace a través del crédito al constructor. Más aún, algunos productores logran vender su producción con pagos anticipados gracias a la financiación del sector vivienda. Las compañías de financiamiento comercial al otorgar crédito a los comerciantes permiten que estos ya no dependan tanto del crédito de proveedores. Las compañías de Leasing y Factoring reducen las necesidades de acudir a los Bancos para aumentar el capital de trabajo. Los pasivos de las industrias son hoy en día menores de los que hubieran tenido si no existieran las Compañías de Financiamiento Comercial, las tarjetas de crédito los Factoring y los Leasing y por esta razón no han tenido que acudir a los intermediarios financieros tradicionales.


Más aún, las grandes compañías industriales han podido prescindir de los intermediarios financieros y han logrado financiación directa del público a través de los papeles comerciales y más recientemente de los bonos. En resumen, la realidad crediticia parece haber desbordado la sabiduría convencional de los economistas colombianos.

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