lunes, 11 de junio de 1990

Los modernos Robin Hood

Las empresas de servicios públicos en estos momentos tienen un monumental programa de bienestar totalmente desconocido por los habitantes de las principales ciudades. Estos modernos Robin Hoods han diseñado unos sistemas de tarifas que buscan quitarle a los ricos para darle a los pobres.
  
En esta época en que se inician las administraciones de los nuevos alcaldes es muy útil poner de presente que en Colombia las administraciones locales han asumido un papel que de acuerdo con los libros de texto sobre teoría de política fiscal no deberían estar haciendo. El famosos libro del Profesor Musgrave sobre las Finanzas Públicas señala tres funciones del gobierno, la de estabilización, la de redistribución y la de asignación de recursos.

La función de estabilización, obviamente, está a cargo de la nación pues ninguna de las administraciones tiene acceso a la imprenta del Banco de la República. La función de asignación ha sido considerada como la típica que pueden desempeñar los gobiernos subnacionales. Por lo general estos gobiernos conocen mejor las preferencias de sus ciudadanos y cuentan con mejor información que el gobierno nacional. La mayor eficiencia de los gobiernos locales para desempeñar la función de asignación ha sido una de las principales razones para la descentralización administrativa llevada a cabo por los dos últimos gobiernos.

La función de redistribución por lo general está asignada al gobierno nacional pues el gobierno nacional no solo tiene unos recursos más amplios sino que cuenta con unos instrumentos más adecuados para realizar los cambios en la distribución de ingreso.

El asignar a los gobiernos locales la función de distribución tiende a causar serias distorsiones en la asignación de recursos muchas veces causada por el deseo de atraer industrias o mano de obra de otras regiones. Esta guerra de incentivos puede causar serios desequilibrios fiscales en las ciudades. La gran crisis fiscal de finales de los setenta en la ciudad en Nueva York en gran parte se debió a querer mantener un sistema de bienestar social  para la ciudad por encima del vigente en el resto de los Estados Unidos.

Las empresas de servicios públicos en estos momentos tienen un monumental programa de bienestar totalmente desconocido por los habitantes de las principales ciudades. Estos modernos Robin Hoods han diseñado unos sistemas de tarifas que buscan quitarle a los ricos para darle a los pobres. Las tarifas para los bajos consumidores están muy por debajo del costo económico de producir el servicio. Los costos para las industrias y los altos consumidores están muy por encima de los costos de las empresas. de servicios públicos.

Algunos estimativos para la Empresa de Energía de Bogotá que se ha caracterizado como la campeona de la redistribución muestran que las transferencias son alrededor de la quinta parte de los ingresos corrientes. Este programa social surgido a finales de los sesenta es desconocido por la mayoría de los bogotanos. La Junta Nacional de Tarifas, una institución cuyas funciones se han vuelto anacrónicas en un ambiente descentralizador, ha establecido programas que hoy en día ya no se pueden sostener.

Los libros de texto elementales sobre la teoría del bienestar y los cambios en los países comunistas nos enseñan que la redistribución no debe hacerse a través del sistema de precios. Las distorsiones introducidas son de tal magnitud que cualquier posible beneficio logrado se pierde por el efecto negativo en la asignación de recursos.


Estos subsidios e impuestos implícitos inherentes en el esquema de tarifas vigentes deben ser objeto de un cambio. En primer lugar deben hacerse explícitos. Las cuentas a los usuarios de bajos consumos deben indicar el monto del subsidio. Los recibos entonces tendrán tres valores. El costo para la empresa, el valor del subsidio y el neto a pagar o sea la diferencia entre los dos primeros. En segundo lugar, el gobierno nacional, quien es el encargado de la función redistributiva, debe asumir este subsidio. Como las distorsiones creadas por los esquemas tarifarios son tan grandes es probable que el proceso de transición hacia la financiación de los subsidios por parte del gobierno central no  pueda hacerse de manera inmediata.

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