lunes, 4 de junio de 1990

Volver a crecer



La campaña presidencial de 1990 se caracterizó por una ausencia de debate en torno a los temas económicos. La consulta popular terminada en marzo de 1990, con su énfasis en la disputa interna por el candidato del partido de gobierno, logró silenciar casi completamente las discusiones de carácter económico. Los asesinatos de los precandidatos y la situación de orden público en las elecciones de mayo desplazaron de la mente de los electores las consideraciones de bolsillo.

Las pocas discusiones sobre temas económicos mostraron, curiosamente, una gran coincidencia tanto en los diagnósticos como en los programas de los diversos candidatos. La falta de discusión sobre los diagnósticos y los programas de los candidatos puede contribuir a un falso sentido de seguridad de los encargados de formular la nueva política económica. Para muchos de ellos la afirmación de que a la economía le ha ido bien mientras que al país le ha ido mal puede llevarlos a no tomar las medidas apropiadas.

Para muchos colombianos la gestión económica en los últimos años ha sido bastante satisfactoria. Obviamente, cuando se compara con algunos países latinoamericanos, Colombia se destaca en su desempeño económico. Por el contrario, cuando se comparan los resultados obtenidos en Colombia con los de los cuatro tigres de Asia la gestión económica no sale muy bien librada. Lo que usualmente no se menciona es que durante los ochenta la tasa de crecimiento del PIB de Colombia fue igual a la del conjunto de los países en desarrollo. Colombia no puede continuar creciendo al mismo ritmo promedio de los países en desarrollo.

Indudablemente, este desempeño por debajo de nuestro potencial se debe a los problemas causados por el endeudamiento externo. Tantas veces se nos ha repetido que Colombia ha manejado su problema de endeudamiento externo mejor que los otros países latinoamericanos que hemos acabado creyendo que no tenemos problemas. Colombia es uno de los países al que las Instituciones Multilaterales han denominado como altamente endeudados. En las estadísticas publicadas cada año por estos organismos seguimos apareciendo con un asterisco. Las notas de pie de página que acompañan estos cuadros nos recuerdan que pertenecemos a ese conjunto con graves problemas de deuda externa. Más aún, la realidad que vivimos cada día nos confirma que esto no es un mero capricho de los que elaboran las estadísticas. Los fenómenos que acompañan el alto endeudamiento externo también ocurren en Colombia. La disminución del ahorro interno, la postración de la inversión, el relativo estancamiento de la economía y la inflación son algunos de los síntomas que se presentan en Colombia y en otros países altamente endeudados.

Colombia debería estar pensando al igual que un gran economista argentino. Hay que volver a crecer. El gobierno que comienza el próximo 7 de agosto tiene una gran oportunidad. El respaldo inicial a la política económica del nuevo Presidente indudablemente será superior al que los respaldó en las urnas. El nuevo gobierno debe aprovechar esta magnífica oportunidad en que hay un gran consenso en Colombia y en el mundo en asuntos de política económica para tomar las medidas que nos pongan en una trayectoria de alto crecimiento. La apertura tímidamente comenzada en el tiempo de descuento del gobierno de Barco debe adoptarse con entusiasmo. Colombia en los próximos cuatro años tiene que integrarse a la economía mundial. Más aún, debemos desplazar a las economías del Asia como ejemplos de un verdadero desarrollo.


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