martes, 3 de julio de 1990

Dios se lo pague

El esfuerzo de tantos voluntarios no aparece registrado en la contabilidad nacional pues por regla general estos voluntarios no reciben una remuneración por su trabajo. Sin embargo la magnitud de este esfuerzo puede ser considerable.
  
Algunos políticos han tratado de imponer obligaciones adicionales a nuestros jóvenes. No solo han insistido en perpetuar el servicio militar obligatorio, institución a todas luces inequitativa e ineficiente, sino que no contentos con la judicatura y los años rurales para los médicos y odontólogos han querido desarrollar el servicio social obligatorio. Los defensores y proponentes de estas medidas por regla general están inspiradas por nobles ideales que sin quererlo tratan de ganar indulgencias con avemarías ajenas. Los que tienen que correr con los costos o sea los jóvenes y sus familias muchas veces encuentran más beneficioso buscar ayuda para lograr conseguir que los exoneren o que les toque un sitio aceptable. Para los privilegiados es más conveniente aceptar la institución y lograr hacer valer sus influencias que oponerse a algo que responde a tan nobles propósitos.

Si los proponentes tuvieran que defender sus ideas en un curso elemental de economía serían rajados por profesores tan distanciados ideológicamente como Galbraith y Friedman. si trataran de defender sus ideas como algo que fuera necesario implantar en un país como Colombia, también serían suspendidos pues de los países de Latino América Colombia se ha distinguido como aquel en el que las organizaciones voluntarias tienen una mayor preponderancia.

Los colombianos participamos en multitud de actividades sin ánimo de lucro. Desde el colegio estamos acostumbrados a participar en los Scouts, la congregación mariana, la banda de guerra, los equipos de fútbol, las academias literarias, etc. Nuestras madres han colaborado en bazares para la construcción de las iglesias. Las  señoras de los funcionarios públicos y las damas de sociedad participan en obras de caridad. Numerosos padres y madres de familia participan en las juntas directivas de las asociaciones respectivas en muchos colegios.

El esfuerzo de tantos voluntarios no aparece registrado en la contabilidad nacional pues por regla general estos voluntarios no reciben una remuneración por su trabajo. Sin embargo la magnitud de este esfuerzo puede ser considerable. En los Estados Unidos, según Peter Drucker, uno de cada dos adultos o sea un total de ochenta millones de personas trabaja como voluntaria. Si a estos voluntarios se pagara el salario mínimo recibirían 150 miles de millones de dólares, aproximadamente el 5 por ciento del PIB de los Estados Unidos.

Según Drucker, la importancia de las organizaciones sin ánimo de lucro va más allá de lo que indican las cifras anteriores. Las organizaciones de voluntarios que han tenido éxito se han destacado por su devoción a la administración y se han mostrado más preocupados que los mismos negocios por cuidar sus recursos monetarios. Los negocios, según Drucker, deben aprender de las organizaciones sin ánimo de lucro que deben comenzar definiendo su misión aún antes de fijar las recompensas a sus ejecutivos. Las organizaciones sin ánimo de lucro muchas veces tienen algo que es muy escaso en los negocios. Una junta directiva que funcione. Los ejemplos analizados por Drucker muestran que para hacer una junta efectiva antes de hablar de sus funciones es necesario organizar su trabajo.


La transformación continuada del voluntario de un amater a un profesional entrenado un funcionario que no cobra sueldo es el desarrollo más importante del sector sin ánimo de lucro. Para motivar a estos trabajadores es muy importante en primer lugar asegurarles que la organización tenga una misión clara, algo que oriente todo lo que la organización haga. Lo segundo que necesitan estos trabajadores es entrenamiento, entrenamiento y más entrenamiento. Y finalmente responsabilidad.

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