lunes, 13 de agosto de 1990

Bienvenidos al presente

El presidente ha mostrado su visión del futuro, sin tener que apelar a las tendencias populistas e intervencionistas, que han convertido los programas de gobierno anteriores en una mezcla de vodka con agua bendita.

César Gaviria expuso una vez más sus prioridades económicas en su discurso de posesión. Habló, entre otras cosas, de privatización, de reformas laborales, de la apertura económica, de medio millón de unidades de vivienda, de incentivar el ahorro para complementar las pensiones del seguro social, de dar participación a las comunidades en la prestación del servicio de salud, de la transformación de Proexpo en un Banco de Exportaciones y de la reforma del estatuto cambiario.

Indudablemente, el discurso del Presidente Gaviria presentó un buen programa de gobierno, muy de acuerdo con los tiempos en que vivimos. Para el colombiano consciente de las limitaciones de lo que puede hacer un gobernante en sus cuatros años de mandato, la propuesta de Gaviria es bien atractiva. En primer lugar, es coherente. El presidente ha mostrado su visión del futuro, sin tener que apelar a las tendencias populistas e intervencionistas, que han convertido los programas de gobierno anteriores en una mezcla de vodka con agua bendita.

En segundo lugar, ha identificado muy claramente los problemas y soluciones. Muchos de los que no votamos por el nuevo presidente nos sentimos identificados con las prioridades que anunció en su discurso. Las soluciones ofrecidas han venido siendo propuestas por distinguidos comentaristas. Lo que comenzó como unos brotes esporádicos del virus de Chicago, se fue convirtiendo poco a poco en la sabiduría convencional.

En tercer lugar, las propuestas concretas del presidente Gaviria representan un magnífico marco de referencia, para poder realizar un control del cumplimiento de sus promesas. En las épocas modernas no nos podemos contentar con el cumplimiento de un voto de carácter general de respetar la constitución y las leyes. A los gobiernos hay que comenzarlos a medir por haber hecho lo que tocaba en el momento oportuno. Como nos lo ha enseñado Peter Drucker, el ejecutivo eficaz debe fijar las posterioridades o sea lo que no va a hacer. El discurso de Gaviria y la misma conformación del gabinete, ha mostrado una decisión de concentrase en lo importante sin dejar que falsas prioridades se interpongan en la realización de las tareas prioritarias. Puede que el Director del SENA o el rector de la Universidad Nacional no se sientan muy contentos porque el Presidente no los mencionó en su discurso. Pero el resto de los colombianos estamos un poco más tranquilos de que los nuevos recursos a las actividades no prioritarias tienen que ser ganados en franca lid. Deben convencer al gobierno que sus programas tienen un mérito especial.

El discurso de Gaviria ha permitido exorcisar una serie de fantasmas que habían venido manteniendo una vigencia totalmente ficticia. La presencia de Simón Gaviria Muñoz en el estrado y la mención de la reforma del estatuto cambiario, nos traen a la memoria la fábula de las ropas del Emperador. Solo un niño puede decir claramente que nuestra política cambiaria está en los físicos cueros. Nuestros jerarcas económicos nunca tuvieron el valor de decirle a su emperador que estaba desnudo en medio de una multitud.


Un buen contraste con gobiernos preocupados por los megaproyectos que usualmente terminan en inflaciones galopantes, es que las propuestas del Presidente Gaviria son de carácter conceptual. Mientras otros hablan en sus discursos de la guerra de las galaxias o de llevar un hombre a la luna, Gaviria simplemente nos promete llevarnos al futuro. Quedaríamos muy contentos si nos aterriza en el presente sacándonos de los mitos del pasado.

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