lunes, 3 de septiembre de 1990

El colombiano si tiene quien le escriba, pero...

Ahora cuando se quiere cambiar el modelo de desarrollo abriendo la economía a la competencia internacional no podemos mantener el sector de comunicaciones en el deplorable estado en que se encuentra.

En estos días de cambio en que unos están estrenando Mercedes oficial, escoltas y otros aditamentos del poder, otros han tenido que volver a hacer cosas que hace mucho tiempo no hacían. Tal vez de lo más complicado es tener que volver a hacer colas. Algunas de estas colas evidentemente se podrían evitar si como en los Estados Unidos los pagos se hicieran por correo. El Ministro Casas debería considerar entre los candidatos para manejar nuestra ADPOSTAL a quien haya tenido que sufrir los inconvenientes de un mal servicio de correo.

El estado de nuestros correos no es el mejor. La confiabilidad del servicio es muy pobre. La correspondencia manejada por el correo nacional proveniente del extranjero presenta una notable falta de confiabilidad. Es marcado el contraste entre el servicio de Time y de Business Week que utilizan otros medios y el de revistas como el PC Magazine que envían directamente sus publicaciones a través del correo. Las entregas de las revistas TIME y Business Week son bastante regulares pues llegan con un retardo mínimo y además siempre llegan en el orden en que se enviaron. Por el contrario, las publicaciones que se reciben a través del correo nacional, como las películas de cine de pueblo, tienen un carácter muy aleatorio. La demora real se puede apreciar en el gráfico adjunto. La demora en la recepción de una publicación americana ha oscilado entre 34 y 135 días. El promedio ha sido de 81 días.

Estas demoras pueden tolerarse en una economía cerrada. Ahora cuando se quiere cambiar el modelo de desarrollo abriendo la economía a la competencia internacional no podemos mantener el sector de comunicaciones en el deplorable estado en que se encuentra. Los anuncios recientes del Señor Ministro de Comunicaciones sobre una mayor participación del sector privado en el sector dan una esperanza de que el servicio de correos pueda mejorar. La proliferación de servicios caros muestra que las personas están dispuestas a pagar por una calidad mucho mejor. La rápida expansión de los servicios de courier y el aumento considerable de los propietarios de FAX señalan la existencia de una demanda considerable y el interés del sector privado en realizar las inversiones requeridas.

Desafortunadamente, el dejar que cada colombiano resuelva su problema de comunicaciones por su cuenta es muy costoso. Por ejemplo, la compra de un FAX puede resolver a una persona su problema de comunicaciones a un costo relativamente alto. Sin embargo, existen alternativas menos costosas que permiten la transmisión de mensajes. En los Estados Unidos, no es necesario contar con un FAX para transmitir el mensaje sino que esto se puede hacer utilizando el micro-computador. Los servicios como el MCI-Mail y Compuserve permiten transmitir mensajes a un costo relativamente bajo y no requieren de una inversión en equipo. Unicamente se requiere comprar un MODEM y adquirir un software de muy bajo costo. Las impresoras existentes pueden servir de salidas.

Para el colombiano, es muy frustrante recibir la última versión de programas desarrollados en los Estados Unidos que incluyen módulos de comunicación que aquí no se pueden utilizar. Las revistas técnicas como el PC-Magazine ofrecen la posibilidad de obtener gratis algunos de los programas reseñados en la publicación. Los costos de estos programas se reducen al valor de una llamada local. El colombiano tiene que sentarse a teclear el listado del programa para poder utilizarlo.

Los columnistas colombianos tenemos mayores dificultades que los americanos. Ellos envían sus artículos por MODEM a las revistas para que sean incorporados en la publicación. En Colombia hay que comprar el FAX para poder eliminar el mensajero. El columnista que posee el aparato símbolo de status, escribe sus artículo en el computador, lo imprime, manda el FAX que se recibe en el periódico para que allá lo vuelvan a levantar.


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