lunes, 22 de octubre de 1990

¿Qué Nos Pasa?

De manera sutil hemos pasado de una situación económica digna de figurar en el Libro Guinnes de los Récords por lo buena, a una en la que se requiere un tratamiento de choque para enderezarla.

En los últimos días los medios se han vuelto a ocupar de temas económicos. Esta vez el debate se ha planteado en el Congreso de la República y ha tenido que ver con el manejo del Banco Cafetero y con el reintegro de divisas por parte de la Federación. El público comienza a tomar conciencia que la situación económica no era muy buena al comenzar este gobierno pues permanentemente han venido apareciendo problemas que se habían mantenido ocultos por mucho tiempo.

No solo ha sido necesario, incrementar el precio de la gasolina, elevar las tarifas del servicio de energía y presentar al Congreso de la República un paquete grande de reformas, sino que se han tenido que plantear cambios en una de las principales instituciones financieras del país.

El enfrentamiento entre el Gerente y la Junta Directiva del Banco, que desafortunadamente no ha podido solucionarse, no puede entenderse sino como un claro rechazo al manejo que se le había venido dando al Banco Cafetero. El deseo de realizar cambios en todas las Sub‑Gerencias estaría más en consonancia con una toma hostil como las que ocurren en los Estados Unidos que con un relevo entre gobiernos del mismo partido político.

De los últimos acontecimientos se podría pensar que el equipo económico del Gobierno anterior no tuvo muchos aciertos. Más aún, por los titulares de las publicaciones gobiernistas se podría pensar que el Gobierno Barco fue muy similar al de Alan García. De manera sutil hemos pasado de una situación económica digna de figurar en el Libro Guinnes de los Récords por lo buena, a una en la que se requiere un tratamiento de choque para enderezarla.

En esta como en muchas otras oportunidades la verdad parece estar en el justo medio. La situación no era tan buena como la pintaban los gobiernistas de hace seis meses ni tan mala como la pintan los gobiernistas de hoy, muchos de ellos también gobiernistas de ayer.  La ausencia de los principales protagonistas del gobierno pasado, no debe ser motivo para que no se defienda lo bueno que se hizo durante los últimos años.

El Ministro Alarcón realizó una gestión que aunque imperfecta merece una calificación aprobatoria. Si no se pudieron alcanzar las metas propuestas y se falló en el control de la inflación no fue solo por culpa del Ministro de Hacienda. Las dificultades del gobierno con los partidos políticos, la falta de liderazgo, los problemas de orden público no pueden olvidarse al mirar por el espejo retrovisor. El culpar implícita o explícitamente al Ministro Alarcón de una situación difícil no deja de tener sus tintes de injusticia.

No debemos olvidar que el Doctor Alarcón reemplazó como Ministro de Hacienda al Presidente Gaviria y que gran parte del equipo que colaboró con Alarcón está hoy en día al frente de la política económica. Las críticas a la gestión económica anterior, quiérase o no tienen que afectar al partido de gobierno y a los encargados actuales de conducir la economía del país y no pueden concentrarse en un funcionario que cumplió sus deberes con responsabilidad.




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