lunes, 17 de diciembre de 1990

Política Fiscal Colombiana

A pesar de los grandes avances logrados en los ochentas el sistema fiscal colombiano tiene algunos problemas que deben ser corregidos poco a poco.

El miércoles de la semana pasada se desarrolló en Bogotá un seminario sobre Política Fiscal Colombiana en donde se presentaron dos trabajos de destacados economistas colombianos. En el seminario, la mayor discusión se concentró en la relación existente entre la política fiscal y la estabilización de la economía. Para uno de los ponentes, el haber adoptado Colombia una política fiscal  anticíclica, ha sido una de las causas de la relativa estabilidad de su política macroeconómica, aún ante la presencia de un sector externo oscilante.

Los dos ponentes, Jorge Ospina y Eduardo Sarmiento a pesar de las claras diferencias en sus enfoques, estuvieron de acuerdo en que el caso colombiano se ha caracterizado por un manejo discrecional de la política fiscal. Esta discrecionalidad, la mayor parte de las veces, se ha empleado para ayudar en la estabilización. Por ejemplo, las cifras muestran que fue posible revertir las tendencias negativas imperantes en 1984, mediante una sano proceso de ajuste macroeconómico en el que la política fiscal fue un protagonista importante.

El paquete de medidas que lograron este pequeño milagro económico no solo fueron de carácter fiscal, sino que también incluyeron medidas cambiarias y monetarias que facilitaron el ajuste en los frentes externo e interno. Los estudios retrospectivos muestran la importancia de haber conseguido un nivel adecuado en la tasa de cambio real de la economía colombiana.

A diferencia de las reformas anteriores, los cambios ocurridos en los ochentas fueron puestos en marcha sin tener que acudir a misiones fiscales lideradas por expertos extranjeros. Estas reformas, "made in Colombia", tuvieron un carácter pragmático y buscaron simplificar las relaciones entre el contribuyente y la administración. Para Jorge Ospina, el buen resultado de las reformas fiscales colombianas se ha debido en buena parte a su carácter gradual. El público está dispuesto a aceptar cambios cuando estos son pequeños y frecuentes. Los grandes cambios asociados con la elaboración de estudios exaustivos liderados por reconocidos expertos extranjeros parecen entonces, ser menos efectivos que una serie de ajustes sugeridos y puestos en práctica por expertos nacionales.

A pesar de los grandes avances logrados en los ochentas el sistema fiscal colombiano tiene algunos problemas que deben ser corregidos poco a poco. En primer lugar, es necesario disminuir la participación de los tributos sobre las importaciones. Para poder tener éxito en el proceso de apertura se requiere bajar los aranceles y los recargos a las importaciones. Obviamente para lograr mantener una estabilidad macroeconómica es necesario apelar a aumentos en otros tributos.


En segundo lugar, será necesario controlar las transferencias hacia los municipios. El Impuesto al Valor Agregado que podría generar recursos adicionales está limitado por la necesidad de transferir el 50 por ciento a los municipios. Si bien, en principio, sería posible transferir responsabilidades adicionales a los municipios, en la práctivca esto es imposible. La realidad política colombiana es que la descentralización ha venido acompañada de un aumento en el déficit del nivel central. Los gastos transferidos han sido siempre menores que los recaudos transferidos. Las fórmulas utilizadas para ejecutar las transferencias no solo no han sido rígidas sino que no han incentivado un mayor esfuerzo local. Si la constituyente que elegimos el 9 de diciembre suprimiera las fórmulas específicas del situado fiscal, dandole un manejo más flexible a las relaciones fiscales intergubernamentales, habría contribuido notablemente a la mejor marcha de la nación. 

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