lunes, 12 de agosto de 1991

¿Quién da más o quién dió más?


Los mejores espacios de televisión, son asignados a los más allegados a los gobernantes de turno. Cómo lo ha manifestado recientemente Francisco Santos, en su columna de El Tiempo, el asignar un buen espacio al mayor financiador de la campaña no es algo que nos pueda hacer sentir orgullosos.

En el último número de la revista Business Week, en una pequeña nota, se comentan los problemas que ha tenido la asignación de las frecuencias para los sistemas de teléfonos celulares en los Estados Unidos. A mediados de los ochenta, la FCC realizó una lotería entre ricos solicitantes; los médicos, abogados y otros profesionales que tuvieron la buena suerte de ganarse las licencias, las vendieron por varios millones de dólares a las empresas que querían montar sistemas celulares.

Recientemente, se ha vuelto a repetir la lotería de las frecuencias con resultados igualmente criticados. El Presidente de la agencia encargada de la regulación de las comunicaciones ha sugerido que en lugar de este procedimiento se adopte uno como el que hemos venido recomendando en estas columnas, para la adjudicación de los espacios de la televisión colombiana.

El procedimiento consiste en subastar los recursos escasos (frecuencias para los sistemas celulares o los espacios de la televisión), asignándolos al que ofrezca el mayor precio por ellos. La gran ventaja del mecanismo de subasta es, que el dinero que los empresarios están dispuestos a pagar por los recursos escasos va al bolsillo que toca y no queda en el de unos afortunados que se ganaron la lotería. Esta injusta distribución de los beneficios se ha pensado eliminar en los Estados Unidos mediante cambios en la legislación que se piensan estudiar en este otoño.

Si la introducción de mecanismos de subasta se presenta como una alternativa muy interesante en los Estados Unidos, su adopción para la asignación de los espacios de la televisión colombiana tendría ventajas adicionales.

En los Estados Unidos la asignación se hace por una lotería mientras que en Colombia se hace a dedo. Los mejores espacios son asignados a los más allegados a los gobernantes de turno. Cómo lo ha manifestado recientemente Francisco Santos, en su columna de El Tiempo, el asignar un buen espacio al mayor financiador de la campaña no es algo que nos pueda hacer sentir orgullosos.

Adicionalmente, en Colombia los espacios no pueden ser negociados libremente. En los Estados Unidos los que se ganan la lotería tienen la entera libertad de vender los espacios. La empresa que piense que puede prestar el mejor servicio buscará comprar la frecuencia y estará dispuesto a pagar el máximo por la frecuencia. A través de este libre intercambio, las frecuencias quedarán en las manos de los más capacitados.

En Colombia, por el contrario, los programas quedan en la mano de los afortunados "licitantes". Como no es muy claro que los que contribuyen más a las campañas presidenciales sean los mejores para realizar programas de televisión, el sufrido televidente tiene que aguantarse a los Juan Guillermo Ríos.

Como economista, yo le aconsejaría al gobierno que en el futuro las licitaciones se conviertan en verdaderas subastas. Por el momento, como televidente, le pediría que permitiera vender el privilegio que se les otorgó a los licitantes.

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