lunes, 2 de septiembre de 1991

Los Dos Seguros Sociales


Como muy bien lo dijo la Directora, es muy importante recordar que el Instituto de Seguros Sociales debe cumplir dos funciones bien diferenciadas. La primera se relaciona con la atención médica y la segunda con el pago de las pensiones.

En estos días la dinámica directora del Seguro Social madrugó a defender el aumento en las cotizaciones del ISS. En los espacios de 6 AM a 9 AM estuvo pronta a contestar los interrogantes de los periodistas y de los oyentes. De acuerdo con las preguntas, la audiencia preocupada por los recientes anuncios sobre las investigaciones en el Seguro, parecía convencida de que era más prioritario terminar de sanear el Instituto antes de pensar en aumentar las cotizaciones.

Como muy bien lo dijo la Directora, es muy importante recordar que el Instituto de Seguros Sociales debe cumplir dos funciones bien diferenciadas. La primera se relaciona con la atención médica y la segunda con el pago de las pensiones. Los problemas de corrupción primordialmente tienen que ver con la atención médica, mientras que el aumento de las contribuciones se hace para mejorar la situación financiera del pago de las pensiones.

Aceptando por el momento, esta separación en dos Institutos de Seguros Sociales, se me hace importante hacer algunas precisiones sobre el manejo de las pensiones. Primero, el Seguro Social adolece de serias fallas en este campo; los computadores del Seguro son manipulados por empleados deshonestos quienes crean beneficiarios ficticios que no han hecho los aportes correspondientes. Es importante tapar estas troneras por las cuales se escapan el ahorro de los trabajadores.

Segundo, al Seguro Social no le ha ido muy bien en el manejo de las contribuciones de los trabajadores.  El IFI y el ICT utilizaron los recursos del Seguro para propósitos muy loables pero de retornos muy mediocres. Las malas inversiones del IFI y los desastres financieros del antiguo ICT, redujeron considerablemente los ahorros de los trabajadores colombianos.

La experiencia anterior en el manejo de los recursos lleva a la inevitable conclusión de que el Estado es peor administrador que el sector privado. No cabe duda que el microempresario obtiene un mejor retorno cuando invierte en su propia empresa que cuando le entrega sus ahorros al Seguro Social. Los trabajadores pueden esperar un mejor retorno de una inversión segura como los Títulos del Banco de la República, que en los retornos de los fondos a cargo del Seguro Social.

Tercero, el desorden administrativo del Seguro es tan grande que llega hasta el punto en que ni el trabajador ni el mismo Instituto saben cual es el aporte que ha hecho en el curso de su vida laboral. Todos estamos acostumbrados a que cada mes nos llegue un extracto en el que se nos informa cual es el saldo en nuestras cuentas corrientes y en nuestros depósitos de ahorro. En los recibos del ISS se informa mes a mes cuanto debe contribuir pero nunca se informa cuanto es el monto de los ahorros.

Este caos administrativo ha llegado a los extremos de que para poder uno gozar de la pensión tiene que conseguir la certificación de todos las contribuciones. Esto es tan absurdo como si para retirar nuestros ahorros de una corporación tuviéramos que adjuntar copia de todos los recibos de consignación que hemos hecho desde el momento en que abrimos la cuenta.

Adicionalmente, el momento no es el apropiado para un aumento de las contribuciones. Como dice el dicho, el palo no está para cucharas. En estos momentos en que la economía está en recesión y en que el poco aumento de los salarios ha sido devorado por la inflación, es demasiado pedir un nuevo sacrificio.

Finalmente, no debe olvidarse que por más que uno crea en las capacidades de la nueva directora uno debe darse cuenta que los problemas del país requieren de soluciones institucionales. No se puede esperar que el buen desempeño de una burocracia dependa de la presencia de genios. El cambio institucional del Seguro indudablemente debe venir acompañado de una mayor participación del sector privado. El monopolio de la seguridad social no puede mantenerse en manos del gobierno.

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