martes, 5 de noviembre de 1991

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Las medidas de la Junta Directiva del Banco de la República son duras y van a tener efectos graves para el proceso de apertura de la economía. La temida recesión y el desmantelamiento de la industria parece que ahora si se van a dar.
                                          
El lunes 28 de octubre se acabó la luna de miel que gozaron los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República. Su decisión de revaluar emitiendo certificados de cambio a doce meses, ha levantado una gran polvareda. Los defensores de la política de apertura han criticado el duro golpe a los ingresos de los exportadores.

Las medidas de la Junta del Banco en buena parte siguen una línea similar a la utilizada por este gobierno. En lugar de hacer una revaluación explícita se apela al descuento de los certificado para reducir el ingreso de los exportadores. En lugar de incentivar el ahorro de los colombianos se apela a un ahorro de carácter forzoso. Las medidas no atacan el verdadero problema sino que sirven para ganar un tiempo para hacer el necesario ajuste fiscal. Si la medicina es muy similar a la que nos habían estado suministrando la dosis es más fuerte.

La necesidad de hacer ajustes en la tasa de cambio ha surgido de dos hechos básicos. En primer lugar, los medios de pago no han querido someterse al control de la autoridad monetaria. Las restricciones al crédito se han compensado con la entrada masiva de capitales. En segundo lugar, el necesario ajuste fiscal no se ha podido hacer por el continuo proceso electoral y la definición de la nueva constitución. En circunstancias en que no hay un control efectivo sobre los medios de pago ni hay ajuste fiscal, el único instrumento que le queda al gobierno es el manejo de la tasa de cambio.

Esta realidad económica, tiene como consecuencia lógica que los agentes económicos comienzan a actuar para protegerse de la eventual revaluación. En estas circunstancias, la entrada de dólares no solo se explica por la mayor rentabilidad de los activos financieros en pesos, sino que también tiene que ver con las expectativas de revaluación. Cuando se espera que el dólar va a perder su valor todo el mundo quiere salir de él y pasarse al peso. La corrida del dólar hacia el peso, conocida técnicamente como la ley de Gresham, ha sido sin lugar a dudas una de las principales razones del ingreso de capitales a Colombia. La sobrefacturación de exportaciones, la subfacturación de importaciones, la agilización de los reintegros para exportaciones y la inercia de las importaciones son todas manifestaciones de esta corrida del dólar.

El ignorar las autoridades económicas el alto componente especulativo de las entradas de capital ha tenido como consecuencia que el proceso se ha acelerado. Aumentar la tasa de devaluación cuando todo el mundo está esperando que el gobierno va a tener que revaluar es tratar de apagar un incendio con gasolina. Cerrar la brecha entre la rentabilidad externa y la interna con un ritmo de devaluación más acelerado es un buen ejercicio aritmético pero una pésima decisión económica.

Las medidas de la Junta Directiva del Banco de la República son duras y van a tener efectos graves para el proceso de apertura de la economía. La temida recesión y el desmantelamiento de la industria parece que ahora si se van a dar. El vigor inusitado de la economía, que pudo aguantar diez meses de un proceso de ajuste sin llegar a una situación recesiva, no va a poder con la sobredosis recetada por la Junta del Banco de la República.

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