martes, 2 de junio de 1992

Un gran error en la privatización de TELECOM

Si Bogotá por razón de su crisis financiera, tuviera que vender la ETB, recibiría menos dólares de lo que le correspondería en un regimen normal de impuesto a la renta.

La privatización de Telecom ha sido objeto de fuertes críticas por la manera tan poco profesional como se está manejando. Al Ministro de Comunicaciones le tocó conjugar el temido verbo renunciar dando un ejemplo que debería ser seguido por los funcionarios del actual gobierno a quienes la suerte no los ha acompañado en su gestión.

El setenta y cinco por ciento de impuesto a la Renta, es una mala decisión por muchas razones. Poner un impuesto tan alto no mejora el mal  comportamiento de un monopolista. La lógica económica enseña que las decisiones de una firma que maximiza ganancias es idéntica a la firma que maximiza el 25 por ciento de sus ganancias. Por tanto, la definición de la escala de producción se hace independientemente de la tarifa del impuesto a la renta. En los cursos de principios y de microeconomía se ilustra algo que los encargados de las decisiones tienden a olvidar. El problema del monopolio no es tener ganancias excesivas sino más bien producir una cantidad menor de la que es socialmente deseable. Por tanto, el problema no se soluciona mediante un aumento en el impuesto a la renta sino haciendo que el monopolista opere en el punto en que el precio sea igual al costo marginal.

En segundo lugar, no debe olvidarse que entre  mayor sea el impuesto a la renta menor será lo que está dispuesto a pagar un inversionista privado. En el caso extremo, en el que se pusiera un impuesto del ciento por ciento, nadie en su sano juicio estaría dispuesto a pagar un centavo por una empresa que se pone en venta. El impuesto alto es la mejor manera de bajar el valor de una empresa que se va a vender. Unos cálculos sencillos muestran que un inversionista interesado en una Empresa a la que se le cobra un 75% de impuesto, ofrecerá únicamente el 36 por ciento de lo que ofrecería por una Empresa con el impuesto normal del 30 por ciento.

Las telefónicas locales lograrán menos ingresos entre mayor sea el impuesto a la renta; el impuesto del 75 por ciento, en efecto les quita un 64 por ciento del valor de su patrimonio. Si la ETB puede valer 2.000 millones de dólares con un impuesto del 30 por ciento, con un impuesto del 75 su valor se reduciría a apenas 700 millones de dólares. Si Bogotá por razón de su crisis financiera, tuviera que vender la ETB recibiría 1300 millones de dólares menos de lo que le correspondería en un regimen normal de impuesto a la renta.

El caso de una Empresa de propiedad de la Nación es menos malo. Si bien, con el impuesto a la renta el tesoro nacional va a recibir un poco más de la tercera parte de su valor comercial, le queda el consuelo de que en el futuro tendrá los ingresos correspondientes al impuesto a la renta. En estas circunstancias, el poner impuestos altos es ni más ni menos equivalente a hacerle un préstamo sin intereses al futuro dueño, pues este tendría que poner únicamente el 36 por ciento, y el otro 64 por ciento del valor se pagaría en cómodas cuotas anuales sin intereses.

Pero más grave aún, el poner un impuesto tan alto tiene un efecto pernicioso sobre las inversiones futuras. Las empresas tratarán de invertir hasta que su rentabilidad, después de impuestos, sea igual a la rentabilidad en otro tipo de negocios. Por tanto, debido a las altas tasas tributarias habrá una subinversión en el sector de las telecomunicaciones. Esto es totalmente contrario al objetivo que se ha buscado para la privatización de la telecomunicación. Se ha afirmado, que se busca la participación del sector privado porque el gobierno no tiene la capacidad de invertir pues debe atender necesidades crecientes en el campo social. Desafortunadamente, con una tasa del 75 por ciento los nuevos dueños, con toda seguridad, invertirán mucho menos que lo que está invirtiendo TELECOM.

La privatización planteada, por tanto, no es la solución que requiere un país retrasado tecnológicamente. La actitud demagógica de poner altas tasas de impuestos para calmar a los opositores de la privatización, equivaldrá a matar la gallina de los huevos de oro.

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