miércoles, 18 de noviembre de 1992

A la tercera va la vencida

El gobierno, al mantener unas metas que nunca ha podido cumplir, está pensando entonces que la constancia vence lo que la dicha no alcanza.

En noviembre las revistas se llenan de colorido con las fotografías  de las candidatas al cetro de la belleza en Cartagena. En este mes de reinas, las páginas económicas comienzan a hablar de los pronósticos económicos para el año entrante. A diferencia de lo que ocurre en los Reinados de Belleza donde las candidatas no repiten, en los pronósticos económicos las cifras se repiten año a año. En efecto, la meta inflacionaria por tercer año consecutivo se ha colocado en el 22 por ciento. El equipo económico del gobierno vuelve otra vez con metas muy similares. La del crecimiento de la economía se sitúa de nuevo en el cuatro por ciento y la del crecimiento de los medios de pago en el 26 o 27 por ciento. El déficit fiscal como porcentaje del PIB vuelve a la cifra mágica del uno por ciento del producto. Este resultado es el mismo independientemente de si hay aumento de impuestos o no.

La repetición de las metas económicas nos recuerda al empedernido jugador de chance que siempre escoge su número favorito. El gobierno, al mantener unas metas que nunca ha podido cumplir, está pensando entonces que la constancia vence lo que la dicha no alcanza. Ante tan poco acierto más valdría pensar que lo que ha faltado es atacar verdaderamente los problemas básicos de la economía.

El jugar siempre a los dos paticos en el campo de la inflación ha hecho olvidar que lo importante en este campo es tener un conjunto de precios adecuados. El precio de la gasolina, del café y de la energía no han podido llegar a su nivel de equilibrio. La gasolina sigue aún por debajo del deseado nivel internacional. El dólar veinte por galón de gasolina que ha sido un objetivo durante estos tres años sigue siendo inalcanzable. El precio interno del café continúa siendo muy alto, lo que ha llevado a cosechas muy por encima de los niveles de exportación, ha descapitalizado el Fondo del Café y agravado el déficit fiscal.

El precio de la energía sigue muy bajo. El consumo del gas no se ha podido masificar porque el precio en Colombia es muy inferior al precio internacional. Los usuarios de bajos ingresos tienen precios de energía eléctrica demasiado bajos lo que magnifica el problema causado por el bendito racionamiento. Los precios de los usuarios industriales y comerciales siguen siendo demasiado altos con graves consecuencias en el aumento de las pérdidas negras.

Los beneficios en las rebajas en los aranceles todavía no han llegado al consumidor. El crecimiento menor del índice de precios al productor con relación al índice de precios ala consumidor ha mejorado la rentabilidad de los productores y les ha permitido compensar en parte el retraso cambiario.

El proceso de apertura sigue amenazado, por tercer año consecutivo, por un nivel de la tasa de cambio muy bajo. La meta fijada para la tasa de cambio real por la Junta Directiva del Banco de la República es totalmente inadecuada. El nivel de referencia escogido de una paridad igual a la de 1985 sería el correcto si no se hubiera hecho la apertura comercial. Al reducirse el arancel es necesario compensar mediante una mayor devaluación para mantener la competitividad de la economía.

El manejo cambiario es inadecuado no solo por el nivel escogido sino también por el tipo de instrumentos empleados. Por ejemplo, es conveniente eliminar de manera definitiva la tasa de cambio oficial. El mantener una tasa oficial artificialmente alta únicamente para la redención de los certificados de cambio es injusto y discriminatorio. El nivel de protección debe ser el mismo para la industria, independientemente de si exporta o compite con las importaciones.

Las tasas de interés se mantienen en niveles demasiado bajos, imposibles de sostener en el largo plazo. Las tasas de interés reales negativas no son compatibles con una reducción de la inflación. Tarde o temprano es necesario eliminar el control en las tasas de interés y reducir los encajes a niveles similares a los de otros países. Con una estructura de costos más favorable el sector financiero podrá competir mejor con el de otros países más avanzados.

El breve repaso de los graves problemas que está padeciendo la economía colombiana nos pone de presente que si esta vez queremos acertar, no sólo es necesario seguir jugando a nuestro número favorito sino que también se requiere tomar las medidas adecuadas.

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