martes, 15 de diciembre de 1992

Jugando al hablar y no contestar

El proceso de fijación del salario mínimo de por si imperfecto puede mejorarse.

   
Cada año por esta época, los gremios, los sindicatos y el gobierno comienzan a apostar aguinaldos. Las discusiones del salario mínimo comienzan, la mayoría de las veces con el si y el no, continúan con el dar y no recibir y terminan al final con el hablar y no contestar. La tan anhelada concertación hace mucho tiempo que no se logra pues los intereses de las tres partes son muy divergentes.

Una consecuencia importante de este ritual anual en las negociaciones laborales debería ser aclarar el papel del salario mínimo en la economía colombiana. Este año, tanto el Director de Fedesarrollo, Eduardo Lora y mi compañero de página el Doctor Luis Eduardo Rosas han hecho propuestas interesantes. El primero de ellos sostiene que lo mejor sería que el aumento del salario mínimo se fijara una vez al año con base en un índice de salarios. Debe notarse que la propuesta del Doctor Lora supone, al menos de manera implícita, que el mercado es un buen indicador del aumento en el nivel de salarios. El Doctor Rosas, con muy buena lógica, propone que el salario mínimo se fije con una mayor periodicidad, para de esta manera evitar el fuerte impacto que su aumento tiene en los costos de producción y en especial en las empresas dedicadas a la construcción de vivienda.

Las propuestas hechas por tan destacados economistas pueden ayudar a encontrar la mejor forma en que se debe ajustar el salario mínimo. Desafortunadamente, en la vida real no solo se requiere saber cuánto se debe aumentar el salario mínimo, sino que también es necesario conocer si el nivel del salario mínimo es adecuado.  Suponer que el salario mínimo está en su nivel adecuado es una hipótesis demasiado fuerte. En efecto, si el nivel existente en 1992 es el correcto, no se necesita determinar un nuevo procedimiento  para calcularlo sino que lo que se necesita es continuar con el proceso existente, pues la continuidad va a asegurar que el salario mínimo continuará fijándose en su nivel óptimo.

Las consideraciones anteriores no deben entenderse como una crítica a las propuestas de dos economistas muy respetados, sino más bien como unas reflexiones que tratan de mostrar que el proceso de fijación del salario mínimo es de por si imperfecto. La fijación del salario mínimo debe considerarse, primordialmente, como un medio imperfecto de mejorar los resultados obtenidos bajo un régimen de competencia perfecta. La intervención del Estado debe entenderse, entonces, como una aplicación del conocido refrán, tan de actualidad en estos días de racionamiento: "Ni tan cerca que queme al Santo ni tan lejos que no lo alumbre"

Bajo las circunstancias actuales, es muy difícil proponer una posición tan extrema como la de permitir que el salario mínimo sea determinado, como la mayoría de los precios de la economía, por el libre juego de la oferta y la demanda. Tampoco parece lógico mantener el sistema vigente en el que el salario mínimo se ha convertido, sin querer queriendo, en una verdadera Unidad de Poder Adquisitivo Constante.

En efecto, por obra y gracia de algunos de nuestros genios que han pensado colincharse en el tren del aumento del salario mínimo, hay gran cantidad de bienes y servicios que se denominan en salarios mínimos. No es extraño, entonces, ver que las multas se fijen en s.m.m o sea salarios mínimos mensuales. Las pensiones, por obra y gracia de nuestro inolvidable Alcalde de Verdad se reajustan, sin ninguna razón valedera, con base en el aumento del salario mínimo. La capacidad de contratación y el monto de los contratos de obra pública que deben ser revisados por el Contencioso Administrativo también se fijan como múltiplos del salario mínimo.

El utilizar el salario mínimo como una unidad de poder adquisitivo constante es un gran impedimento en la discusión racional de un tema laboral. Esta innecesaria interferencia ha entrabado el proceso de concertación laboral. Las conversaciones de 1992 no pueden centrarse tanto en el poder adquisitivo del salario mínimo,  pues en las circunstancias actuales los cambios en esta variable no solo afectan la remuneración de una mano de obra no calificada sino que conservan el poder adquisitivo de las multas y otras cosas poco relacionadas con el mercado laboral.

El reto en el 92, y mientras se desvincula el aumento del salario mínimo del aumento en otros bienes y servicios, es lograr que las expectativas de inflación se acerquen lo más posible a las metas fijadas por la Junta Directiva del Banco de la República. La propuesta de Fedesarrollo de un 27.5 de aumento en el salario mínimo, casi igual a la mitad del aumento en el precio de las publicaciones de esta entidad sin ánimo de lucro, tienden a entrabar el proceso de concertación que busca reducir el ritmo de inflación de la economía colombiana.


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