lunes, 1 de febrero de 1993

Los verdaderos dueños de la ETB

Un pasivo de 470 millones de dólares, como el que tiene la ETB con sus suscriptores por concepto de las líneas telefónicas es un grave problema que debe ser resuelto muy pronto.
  
Cuando uno hace un trasteo en Bogotá se da cuenta de lo difícil que es vivir en Colombia y de lo fácil que es vivir en un país civilizado. Cuando uno cambia de casa o de oficina en los Estados Unidos no tiene que estar pendiente de la correspondencia en el período de transición, pues basta avisarle a los correos la nueva dirección para recibir durante este lapso la correspondencia destinada a la antigua dirección. En Colombia, por el contrario, mientras que uno avisa a los amigos y relacionados es necesario estar pasando por la antigua dirección para recoger el correo.

Mantener el contacto telefónico con los amigos y relacionados es más difícil aún. A menos que uno se mueva dentro de la misma central telefónica, el trasteo implica un proceso kafkiano. Por una parte, debe uno buscar en el mercado líneas para la nueva oficina, pues la Empresa rara vez tiene líneas disponibles en el sector y en el edificio a donde uno se traslada. Por otra parte, es necesario conseguir un cliente para que le compre las líneas de la antigua oficina o residencia. Por el contrario, en los Estados Unidos basta avisar  a la telefónica local para que se desconecte el servicio en la antigua oficina y se conecte en la nueva.

Esta absurda compra-venta de líneas telefónicas puede llegar a ser desesperante cuando la ETB no hace los cambios de suscriptor solicitados. Los innumerables papeles requeridos para este trámite desaparecen misteriosamente sin dejar rastro. El querer arreglar estas fallas es muchas veces imposible. Si el vendedor muere o se va del país, la línea queda en un limbo total.

La noción de que las líneas telefónicas sean del suscriptor es, sin lugar a dudas, la causante de todos estos problemas. Esta pequeña locura se ha venido perpetuando desde hace mucho tiempo. Esta idea de poner un precio relativamente alto por una línea telefónica con el fin obtener una financiación gratuita por parte de los suscriptores pudo ser interesante en épocas en que el teléfono era un privilegio de unos pocos. Hoy en día, cuando el invento de Bell se ha convertido en una necesidad en cada hogar y en cada negocio la propiedad de la línea telefónica por parte del suscriptor es un gran absurdo que entraba considerablemente el curso de los negocios.

Más grave aún, la magnitud de este préstamo gratuito ha llegado a niveles considerables. Cuando hay más de un millón cien mil suscriptores en Bogotá y cuando cada línea tiene un valor promedio de 300.000 pesos, el pasivo oculto de la ETB llega a más de unos 330.000 millones de pesos. Un pasivo de 470 millones de dólares como el que tiene la ETB con sus suscriptores por concepto de este préstamo forzado es un grave problema que debe ser resuelto muy pronto.

Es evidente que la ETB no puede comprar las líneas a sus suscriptores y que por lo tanto la viabilidad financiera de esta Empresa Distrital depende de que se siga manteniendo la ficción de que este inmenso aporte se debe hacer sin exigir ninguna contraprestación. Estos casi 500 millones de dólares que ha invertido el sufrido pueblo bogotano debería traducirse en una participación en las ganancias. No cabe duda de que los mayores accionistas de la ETB y quienes deberían asumir su dirección son sus suscriptores. Tarde o temprano, el valor de las líneas debe convertirse en acciones de la telefónica local.


En sana lógica, la ETB ya se ha privatizado pues hoy en día hay más de un millón de accionistas que han suscrito acciones con un valor nominal de 300.000 pesos. Lo que se necesita ahora es conseguir un socio que aporte capital y tecnología para que nuestra sufrida urbe cuente, al fin, con el buen servicio que se merece.

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