martes, 23 de marzo de 1993

El problema del transporte en Bogotá

             

La falta de una interventoría adecuada en las canalizaciones realizadas por la Empresa de Teléfonos ha vuelto a poner de moda el solo hueco inaugurado por el Alcalde Juan Martín Caicedo

                                           Alvaro Pachón Muñoz

El tema del transporte en Bogotá ha tomado una inusitada vigencia en los últimos días. Los medios de comunicación masiva le han dado un extenso cubrimiento al tema. Los expertos en transporte hemos tenido nuestro cuarto de hora de fama. En las tres últimas semanas he sido entrevistado por un noticiero de televisión, por un noticero radial y por una revista semanal.

De la amplia discusión sobre el tema comienza a quedar claro que la situación del transporte en Bogotá se ha deteriorado en los últimos años. Las vías se encuentran en pésimo estado. El Alcalde de Verdad dejó un sistema vial en pésimas condiciones. El auge de la construcción en los últimos años y el tráfico de camiones por vías no diseñadas para el tráfico pesado han contribuido a la destrucción de innumerables vías secundarias de la ciudad. La falta de una interventoría adecuada en las canalizaciones realizadas por la Empresa de Teléfonos ha vuelto a poner de moda el solo hueco inaugurado por el Alcalde Juan Martín Caicedo. Estos carriles exclusivos para huecos son, sin lugar a dudas, una de las principales causas de los trancones en Bogotá.

El bendito apagón y el mal mantenimiento de los semáforos han dejado el control del tráfico en las principales intersecciones de la ciudad en las manos de soldados bachilleres y de los policías de tráfico. El caos creado por la falta de semáforos se magnifica con el cierre de las principales vías a causa de las amenazas de los terroristas. Ante la amenaza de los carros bombas cada propietario  bloquea el frente de su edificación mediante cadenas, canecas, vallas y demás aditamentos que impiden no solo el parqueo sino que además reducen la capacidad vial y aumentan los problemas de congestión en la ciudad. Ante la ausencia de una verdadera autoridad, estos propietarios se convierten en el equivalente del perro del hortelano que ni come ni deja comer.

Pero si esto fuera poco, la ciudad se ha enfrentado por un lado a un aumento acelerado del parque automotor como consecuencia del proceso de apertura comercial y por otro, al estancamiento en la construcción de nuevas vías originado en la difícil situación financiera de la ciudad. La demanda creciente enfrentada a una oferta constante obviamente lleva a una situación explosiva.

Sin entrar a mencionar los incontables trámites que se requieren para la renovación del pase, el pago de impuestos y la absurda calcomanía que dan origen la corrupción denunciada recientemente en el noticiero TV Hoy, es claro que gran parte del problema se origina en el descuido que mantiene el gobierno bogotano la infraestructura vial. El gobierno bogotano ha entregado el espacio público al primero que lo demande. Si un constructor destruye una vía, el gobierno bogotano ni se entera y menos lo obliga a reconstruirla. Cualquier persona puede cerrar cualquier vía, sin autorización del propietario del espacio público o sea el gobierno bogotano. La ETB acaba con la Avenida de Chile sin que las autoridades se enteren. La ETB se contenta con hacer colocar una vallita en que dicen discúlpenos estamos trabajando para Usted. Cuando deberían decir discúlpenos pues somos unos irresponsables que no nos importa el daño que estamos causando a la ciudadanía.


El gobierno bogotano debe convencerse de que es el dueño de las vías y que por lo tanto como cualquier propietario diligente tiene la obligación de mantenerlas en buen estado. La mala situación financiera del Distrito no es una buena excusa pues los usuarios saben que están pagando bastante por el uso de estas vías a través de elevados impuestos a la propiedad de sus vehículos y de sus predios. 

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