lunes, 9 de agosto de 1993

Feliz Cumpleaños


Este ritual de utilizar el 6 de agosto para regocijarnos de lo poco o mucho que hemos logrado debería convertirse en una ocasión en la que el bogotano haga un balance de la gestión de su Alcalde.
 
Los que hemos pasado por la Administración Distrital sabemos que el seis de agosto es muy especial. El Alcalde y sus Secretarios acostumbran hacer sus giras inaugurando las obras terminadas recientemente. El Gabinete Distrital aprovecha estas ocasiones para reunirse con sus familias y amigos para celebrar en la Casa Privada tan importante aniversario. Esta alegría de los directivos no es compartida por toda la ciudadanía solamente los beneficiados con las obras suelen acompañar a las autoridades en sus celebraciones.
 
Este ritual de utilizar el 6 de agosto para regocijarnos de lo poco o mucho que hemos logrado debería convertirse en una ocasión en la que el ciudadano haga un balance de la gestión de su Alcalde. Los compromisos adquiridos por el candidato en su campaña deberían ser evaluados contra las realizaciones hechas en cada año. Las celebraciones deberían hacerse únicamente cuando lo realizado sea superior a lo prometido. Cuando las realizaciones fueran menores a lo prometido esta fecha debería ser la ocasión propicia para hacer las rectificaciones del caso, llegando inclusive a hacer cambios radicales en el Gabinete Distrital.
 
Para comenzar el balance con algo positivo, debemos mencionar la aprobación del Estatuto de Bogotá que busca darle un mejor manejo a la ciudad. Las reformas en las Empresas de Servicios Públicos son importantes. El darle autonomía y por consiguiente responsabilidad a los Gerentes es un paso importante para poder manejar las Empresas de Servicios Públicos de una manera más eficiente. La reforma, si bien es un paso adelante, tiene que ponerse en práctica con sumo cuidado. Por ejemplo, no sacamos nada en que los miembros de las Juntas sean nombrados por el Alcalde si van a comportarse de la misma manera que lo hacían los miembros nombrados por el Concejo.
 
El pensar que los cambios en el ordenamiento legal es una solución a nuestros problemas es un error bastante común en Colombia. La Constitución del 91 no nos solucionó todos los problemas que nos aquejaban ni nos convirtió en un país desarrollado. El nuevo Estatuto de Bogotá, si bien es mejor que el anterior no nos va a convertir en una ciudad avanzada y agradable para vivir.
 
A pesar del esfuerzo realizado en esta administración, las finanzas distritales siguen siendo preocupantes. El ciudadano sigue convencido que paga impuestos y tarifas superiores a las de Nueva York para obtener unos servicios peores que los de Somondoco. El problema de la deuda externa de las empresas de servicios públicos sigue siendo grave. La capacidad de inversión de estos entes está totalmente limitada por la alta carga de la deuda externa. Los costos administrativos de las empresas unidos a las altas pérdidas ocasionadas por el contrabando absorben todos los recursos que quedan después de pagar la deuda externa. La capacidad de expansión de los servicios públicos en Bogotá es muy limitada y no existe posibilidad de lograr acceso al crédito mientras que la situación financiera no mejore.
 
La capacidad de operación de los organismos relacionados con el transporte sigue siendo bastante limitada. Los verdaderos problemas del transporte siguen sin resolver. No existe coordinación entre los diferentes entes relacionados con el transporte. El cambiar de un Departamento Administrativo de Transito y Transporte a una Secretaría de Tránsito y Transporte ha resultado tan inocuo como el cambiarle de nombre a la ciudad. Los cambios en el manejo de tráfico son tomados de manera improvisada sin tener estudios de impacto y se hacen sin consultar con los afectados. Los ciudadanos se sienten totalmente aislados cuando se toman decisiones que los afectan sin que puedan expresar su opinión. Piensan que de nada les sirvió haber elegido unos ediles que no tienen ninguna función verdadera.
 

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