lunes, 23 de enero de 1995

La Leona y el Niño

Mientras que la competencia en las cervezas  aleja cada vez más la posibilidad de tener que ver los partidos de fútbol a palo seco, la falta de competencia y los continuados errores de política  mantienen latente la posibilidad de un racionamiento de energía eléctrica

Simultáneamente con el comienzo de la guerra de las polas ha vuelto al  tapete el  tema de un posible apagón.  Mientras que los clientes de los monopolios privados de la cerveza comienzan a independizarse de su habitual proveedor, el sufrido usuario del monopolio estatal tiene que seguir acudiendo a las rogativas a San Pedro para que en los próximos años no se presente con mucha intensidad el fenómeno del Niño.  Mientras que la competencia en las cervezas aleja cada vez mis la posibilidad de tener que ver los partidos de fútbol a palo seco, la falta de competencia y los continuados errores de política mantienen latente la posibilidad de un racionamiento de energía eléctrica

En efecto, la política energética de 1995 sigue tan equivocada como la que nos llevó al apagón de 1992.  Los precios de la energía eléctrica se mantienen por debajo de su costo conduciendo a una equivocada asignación de recursos.  Los usuarios residenciales en Colombia continúan consumiendo mucha más energía eléctrica que en otros países de igual grado de desarrollo.  Los bajos precios de la electricidad en Colombia siguen incentivando su despilfarro en la cocción de alimentos y en el calentamiento de agua para el baño.  Colombia sigue manteniendo el dudoso privilegio de ser la nación en donde el consumo residencial de electricidad es superior al consumo industrial de energía eléctrica.  A pesar de la amarga experiencia de 1981 y 1992 seguimos dependiendo en grado sumo de las hidroeléctricas.  A pesar de tener tarifas industriales mis altas que las de los países a los cuales exportamos nuestro carbón nos seguimos creyendo el cuento de que la energía hidroeléctrica es mucho más barata que la térmica.
  
Pero más grave aún que mantener una política equivocada de precios es aumentar sus distorsiones.  En aras de un pacto social se sacrifica la viabilidad financiera de las empresas del sector.  La posibilidad de contar con inversión del sector privado es cada vez más remota cuando se pospone indefinidamente el ajuste de las tarifas residenciales y el desmonte de los subsidios a los consumidores del servicio eléctrico.

El plan de masificación del consumo de gas avanza lentamente debido a los bajos precios fijados para el gas.  Ante la imposibilidad de importar masivamente gas tenemos que seguir esperando que aparezcan depósitos de gas cerca a los grandes centros de consumo que permitan servir las principales ciudades. Con aumentos del 18 por ciento en el  precio del gas es casi imposible que el sector privado encuentre atractivo en el negocio y por lo tanto es necesario seguir dependiendo del monopolio estatal.
  
Y como si esto fuera poco, el efecto tequila ha comenzado a sentirse en el costo de capital.  Un sector como eléctrico tan intensivo en capital y tan dependiente del ahorro externo es, sin lugar a dudas, tremendamente vulnerable a los eventos ocurridos en el frente cambiario.  Los encargados del sector eléctrico no deben olvidar lo que - ocurrió en 1982 cuando el no pago de deuda mejicana desencadenó la crisis en toda Latinoamérica.  Los mercados comenzaron a cerrarse, las tasas de interés subieron y finalmente las devaluaciones masivas acabaron con  la viabilidad financiera de unas empresas con altos niveles de endeudamiento externo.

Ante un panorama tan incierto, el sector eléctrico debe dejar de preocuparse por si va a haber un apagón este año y comenzar a discutir si sus políticas de precios son coherentes con una inversión del sector privado.  También debe analizar las implicaciones de cierre del crédito externo y de una posible devaluación masiva.  Si no lo hace volveremos al triste espectáculo del sacrificio de inocentes funcionarios del sector eléctrico para calmar a un público enardecido por haber soportado las consecuencias de un apagón.

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