lunes, 11 de abril de 1994

En abril impuestos mil

Si todos los bogotanos decidimos utilizar como base de auto avalúo la cifra que aparece en el formulario, el gobierno distrital no podría físicamente hacer cumplir la ley.

 Los bogotanos estamos al borde de la desesperación. Este es el mes en el que tenemos que afrontar el chaparrón de impuestos que nos ha preparado el Secretario de Hacienda del Distrito. A medida que se acercan las fechas de pagos de los diferentes tributos el sufrido habitante de la capital comienza a entrar en pánico.

Como primera medida, el pobre contribuyente tiene que acudir a expertos asesores tributarios para que le expliquen la manera como este año se debe cumplir con la penosa obligación de pagar impuestos para obtener un nivel de vida inferior al que gozan los habitantes de Somondoco.

Después de varias sesiones logra entender que ante la absoluta incapacidad del catastro distrital debe contratar el mismo a un avaluador para que le diga cuanto vale su vivienda. de manera totalmente ilusa se pretende que el contribuyente haga en un día lo que no pudo hacer el Distrito con una inmensa burocracia en diez años.

Esta absurda privatización del catastro no le cabe en la mente al ciudadano. Lo lógico hubiera sido que si la administración no es capaz de mantener un catastro lo contrate con el sector privado, en manera similar a lo que en buena hora hizo Andrés Pastrana con las basuras. El apelar al auto avalúo es como pretender que para mejorar la recolección la solución sea que cada persona lleve sus basuras a los rellenos sanitarios. Las personas no están para recolectar basuras ni para hacer auto avalúos.

Sin embargo, lo grave es que se pretende castigar a todos aquellos que pongan en su declaración un avalúo inferior al que, arbitrariamente, les fije el Catastro Distrital. La Administración Distrital se enfrentará a pleitos interminables en los que tendrá que comprobar la mala fe de los contribuyentes, quienes alegarán hasta el cansancio que su declaración fue hecha de buena fe y que las discrepancias se deben simplemente a la dificultad que tiene un persona común para hacer un avalúo.

Lo grave de esta situación es que si todos los bogotanos decidimos utilizar como base de auto avalúo la cifra que aparece en el formulario, el gobierno distrital no podría físicamente hacer cumplir la ley. En primer lugar, tendría que abrirle juicio fiscal a un millón de contribuyentes que alegarían, con sobrada razón, que para ellos las cifras del catastro son las mejores guías para determinar el valor de su predio. Además, la Administración tendría que hacer por su cuenta un avalúo serio de todos los casos en litigio. Esto equivaldría, obviamente, a hacer en seis meses una labor, la conformación del catastro, que no ha podido hacer en diez años.

Pero si no fuera suficiente con tamaño despropósito, el Secretario de Hacienda Distrital, Julio Roberto Piza, ha incurrido en abusos peores. Solo a un impenitente alcabalero se le puede ocurrir que los contribuyentes bogotanos tienen que pagar doblemente el Impuesto de Industria y Comercio. A la declaración normal que se hace habitualmente por estos meses, el Doctor Piza ha agregado una serie de declaraciones mensuales correspondientes a lo que normalmente se hubiera pagado el año entrante. Este anticipo que no es otra cosa que un préstamo forzoso no solo no recibe intereses sino que en caso de no otogársele al gobierno tiene unas multas que pueden llegar en algunas ocasiones a más del quinientos porciento.


La indolencia de un Secretario de Tránsito ante el clamor ciudadano terminó con su renuncia. El abuso del Secretario de Hacienda debería terminar de igual manera. El Alcalde de Bogotá debe asumir el liderazgo que le permita terminar con algo de prestigio su período. Si la ciudad no se maneja con responsabilidad lo único que nos espera es la demagogia total.

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