lunes, 4 de abril de 1994

Inflación disparada

Políticas sectoriales, bien intencionadas, como las seguidas por el Ministro de Agricultura, han contribuido sin lugar a dudas a elevar el precio de los alimentos.

Mientras que el país se dedicaba a la reflexión de la Semana Mayor el DANE nos sorprendió con las cifras de la inflación correspondientes a marzo. Los resultados del mes confirman que hay un serio problema de control inflacionario. Los esfuerzos realizados no están surtiendo el efecto deseado. La inflación que en julio del año pasado parecía estar siendo sometida sigue su ascenso inexorable.

El continuado ascenso de la inflación nos muestra que la demanda agregada sigue sin control. El deseo muy natural de terminar el período presidencial con altas tasas de crecimiento económico están, sin lugar a dudas, dificultando el manejo macroeconómico. El Banco de la República y el gobierno deben buscar reducir la presión sobre la demanda agregada para poder revertir la tendencia ascendente en la tasa de inflación.

En estas circunstancias, en las que es necesario disminuir las presiones inflacionarias, es necesario tener mucho cuidado con las medidas tomadas. Lo que necesita el país es de un Banco Central que con inusitada habilidad pueda instrumentar un aterrizaje muy suave de la economía.

Además de una política monetaria y cambiaria muy bien manejada se requiere también de políticas sectoriales coherentes que no solo contribuyan a un mejor control de la inflación sino que además permitan una repartición equitativa de las cargas inherentes al ajuste.

Políticas sectoriales, bien intencionadas, como las seguidas por el Ministro de Agricultura, han contribuido sin lugar a dudas a elevar el precio de los alimentos. Esta elevación del precio de los alimentos no solo ha hecho que las cifras de inflación registradas sean más elevadas que las del año pasado, sino que han afectado adversamente a los estratos de menores ingresos.

Para resaltar el efecto perverso de la política seguida en materia de precios agropecuarios es conveniente comparar esta política con una mini reforma tributaria. Para un economista, el aumento artificial del precio de los alimentos es equivalente a un paquete de políticas en que por una parte se introduce un impuesto a las ventas de alimentos y por otra se introduce un subsidio equivalente al productor.

Un Ministro de Hacienda que proponga semejante paquete tributario duraría menos que lo que dura un merengue en la puerta de una escuela. Tratar de poner IVA a los alimentos ha sido causa de más de una crisis y ha desembocado en disturbios callejeros en países hermanos. La destinación específica de los impuestos no solo ha sido objetada por todos los tratadistas de la hacienda pública sino que ha sido expresamente prohibida por nuestra constitución.


Una medida de política fiscal conteniendo dos errores de esta magnitud, indudablemente, sería objeto de severas críticas. Lo que no deja de ser curioso es que en Colombia el padre de esta criatura sea reconocido como uno de los Ministros Estrella. El país, definitivamente,  tiene dos ópticas bien diferentes. Una para juzgar a los Ministros de Hacienda y otra para juzgar a los Ministros de Agricultura. 

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