martes, 14 de junio de 1994

El Transporte Masivo en Bogotá

La absurda costumbre de cobrar la misma tarifa a todos los usuarios de una ruta ha incentivado la expansión de las ciudades lo que se traduce en viajes más largos y costos operativos crecientes.

La semana anterior se volvió a agitar el tema del transporte en Bogotá. La Revista Semana dedicó su portada al problema del transporte urbano en Colombia y la Administración Distrital cerró la licitación para otorgar por concesión la construcción y operación de un sistema de transporte masivo en la capital de la república.

La importante publicación semanal nos presenta un retrato bastante aterrador de lo que se avecina si no se toman las medidas adecuadas. Según esta publicación, es posible que a la vuelta de algunos años sea más rápido movilizarse a pie que en automóvil y que el período pico se extienda durante todo el día.

La situación ha llegado a estos extremos debido a un aumento considerable en el número de los carros particulares y a un marcado deterioro del transporte público. No solo se presenta una absoluta falta de control por parte de las autoridades lo que ha llevado a una total indisciplina por parte de los conductores y usuarios sino que las políticas han sido infortunadas.

El sistema de rutas del transporte colectivo no se ha adaptado a la nueva estructura de las grandes ciudades. Las rutas pasan por los sitios de mayor demanda sin una justificación técnica. La concentración de las rutas en puntos neurálgicos de la ciudad contribuye a un aumento injustificado de la congestión y a un aumento considerable de la contaminación ambiental.

La prohibición de llevar pasajeros de pie en los llamados servicios ejecutivos, ha contribuido a aumentar la congestión y a encarecer el costo de los pasajes. Los costos reales de operación de los buses han crecido en un más de un ciento por ciento en los últimos diez años debido en buena parte a la disminución en la ocupación de los buses. La expansión de la ciudad y la costumbre de extender las rutas hacia la periferia han sido otras de las causas de esta explosión en los costos operativos y en los precios pagados por el usuario.

La absurda costumbre de cobrar la misma tarifa a todos los usuarios de una ruta ha incentivado la expansión de las ciudades lo que se traduce en viajes más largos y costos operativos crecientes. La práctica de un cobro uniforme independiente de la distancia debe desaparecer a la mayor brevedad posible ya que no tiene ninguna justificación. El cobrar la misma tarifa para viajes diferentes es tan absurdo como sería cobrar el mismo precio por todos los tamaños de una gaseosa. Si los productores de gaseosas adoptaran esta práctica muy pronto entrarían en una crisis similar a la que están enfrentados los transportadores colombianos.

El cambio en esta y otras prácticas absurdas debería venir acompañado por la puesta en marcha de un sistema de transporte masivo. La respuesta de importantes firmas y gobiernos ha mostrado que es posible contar con la participación del sector privado en un proyecto de esta envergadura. Los empresarios han encontrado atractivo asumir el riesgo de posibles sobrecostos y demoras siempre y cuando se les garantice un retorno adecuado a su inversión.


La ciudad debe aprovechar este impulso para tratar de solucionar de una vez por todas este grave problema antes de que llegue a los extremos que nos vaticina la revista Semana.

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