lunes, 11 de julio de 1994

La coordinación de políticas económicas

Las reuniones de los jefes de estado latinoamericanos deberían seguir el ejemplo del G7 y  buscar una coordinación de la política económica.

Cada vez que se reunen los siete representantes de los países más avanzados surge el tema de la coordinación de la política económica. Los Jefes de Estado reiteran siempre la importancia de lograr una política armónica que facilite el logro del tan anhelado equilibrio macroeconómico.

En las declaraciones finales de este evento anual, aparecen siempre reafirmaciones relacionadas con la importancia de mantener una política económica prudente. Por lo general, se condena el desequilibrio fiscal y se hacen recomendaciones sobre metas deseables en el frente monetario, fiscal y cambiario que sean coherentes con el equilibrio económico a nivel de cada uno de los países.

Además, en ocasiones como la presente en que existen discrepancias entre las políticas económicas de algunos de los participantes se busca llegar a un compromiso entre los diferentes países con el fin de buscar una solución de compromiso que permita realizar el ajuste a un costo menor.

Aunque el proceso de negociación es bastante complicado en ocasiones produce resultados interesantes. El llamado acuerdo del Louvre logrado a mediados de los ochentas permitió un ajuste en la paridad cambiaria de las principales monedas que permitió una devaluación efectiva del dólar. La devaluación del dólar contribuyó  a mejorar la competitividad de la economía Estadounidense y redujo en algo el superávit comercial del Japón y Alemania.

Desafortunadamente, a nivel latinoamericano las cumbres siguen siendo eventos orientados hacia los medios de comunicación que producen muy pocos efectos a corto plazo. Los problemas de coordinación de política económica entre socios comerciales no se tratan, tal vez para no dañar el ambiente festivo de la reunión.

Problemas tan graves como el de la crisis en Venezuela y su posible efecto en las relaciones comerciales con sus vecinos nunca son objeto de discusión ni mucho menos se busca un acuerdo que no perjudique a los vecinos. En este caso los países tratan de solucionar sus problemas exportándoselos a los vecinos. El desempleo, la recesión, la devaluación y la inflación se convierten en los principales productos de exportación.

Un repaso de lo vivido en Colombia como consecuencia de la maxi devaluación de Venezuela en 1982 muestra que la falta de coordinación en las medidas es perjudicial para la buena marcha de los procesos de integración. En efecto, la maxi devaluación afectó de manera importante a la economía fronteriza llevándola a una situación recesiva que afecto particularmente la industria manufacturera. La década del ochenta fue una década perdida para la industria del Norte de Santander. Los niveles de producción industrial al final de los ochentas estuvieron por debajo de los alcanzados a comienzos de la década.

Los desequilibrios comerciales creados por la maxi devaluación y el costo fiscal y monetario de las medidas adoptadas para paliar los efectos adversos de las políticas venezolanas, exacerbaron los desequilibrios de la economía colombiana y aceleraron nuestra propia crisis cambiaria y fiscal. Las cifras muestran que la economía fronteriza solo se recobró en 1985 cuando el país bajo la acertada dirección del Ministro Junguito realizó el exitoso ajuste cambiario y fiscal.


El próximo gobierno deberá considerar prioritario el problema con Venezuela y lograr unos acuerdos de política económica que faciliten el ajuste en los dos países. Se debe evitar que se adopten medidas cuyo principal efecto sea la colombianización de la crisis.

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