lunes, 5 de diciembre de 1994

El Pacto Social

Estamos acercándonos al momento de la verdad del pacto social. Las discusiones entre empresarios, trabajadores y gobierno han permitido un acercamiento en lo que se refiere a la determinación de los precios, sin que se esté cerca en el campo de los salarios.  La diferencia básica parece residir en que el gobierno espera que los salarios se fijen en función de la inflación esperada aumentada por la productividad mientras que los trabajadores y empresarios creen que lo mejor es reajustar los salarios en términos de la inflación del año anterior.

Aunque determinar cuál es realmente el aumento de productividad en el año anterior es bastante difícil, se puede decir que en promedio la economía ha aumentado su productividad entre un dos o tres por ciento cada año. Por lo tanto si estamos pensando en un aumento del 18 por ciento de los precios los salarios podrían subir, en una economía cerrada, hasta en un veintiún por ciento el próximo año sin que se experimentaran graves problemas para la política de estabilización.

Sin embargo, cuando se considera una economía abierta a la competencia de carácter mundial el criterio de mantener unos costos unitarios constantes medidos en moneda nacional sino lo que se requiere es mantener unos costos unitarios laborales iguales a los de nuestros principales rivales. En este aspecto a los colombianos nos fue muy mal. Mientras que en los Estados Unidos los costos laborales subieron en un cuatro por ciento en términos de dólares  que equivale a un seis por ciento medido en pesos, en Colombia los costos laborales subieron por lo menos un 24 por ciento. Para mantener competitividad nuestros productores deberían haber aumentado su productividad en un 18 por ciento cifra que supera ampliamente lo observado en toda la historia reciente de Colombia.

El desfase cambiario ocasionado por el desigual crecimiento de los costos laborales colombianos comparados con los de los principales socios comerciales, que en términos técnicos se conoce como la revaluación de la tasa de cambio real se convierte en un obstáculo importante para la política de ingresos y salarios propuesta por el actual gobierno con el nombre de Pacto Social o Acuerdo de Precios Salarios y Productividad. Así como la revaluación de la tasa de cambio real produjo un aumento del salario real, su retorno a una tasa de equilibrio deberá venir acompañada por un deterioro del salario real o lo que es lo mismo una situación en el que los precios suben por el ascensor y los salarios suban por las escaleras. Mientras ambos suban en el mismo medio de transporte vertical no habrá posibilidades de llegar a una tasa de cambio que proteja la actividad productiva colombiana.


La idea de una política como la del Pacto Social en la que todos los precios y salarios suban al mismo ritmo es útil cuando uno piensa que existe un equilibrio en los precios relativos. Sin embargo, es un salto al vacío cuando existen marcados desequilibrios que se perpetúan causando efectos negativos en la asignación de recursos. Cuando la tasa de cambio está sobrevalorada  el precio de los bienes que no entran al comercio exterior está por encima del de los precios que se comercian internacionalmente. Por tanto para arreglar este desbalance lo que se requiere es un crecimiento más rápido del precio de los bienes comercializables que no se logra con pactos en los que todos los productores se comprometen a subir un 18 por ciento. Lo que se debería hacer es que los bienes comercializables suban a tasas por encima del 18 mientras que los bienes como la vivienda que no entran en el comercio exterior suban a tasas muy inferiores al 18 por ciento.

Resulta paradójico que la Administración Samper que ha tenido un cierto tinte crítico de la política anterior Administración haya adoptado una política de ingresos y salarios que de hecho presupone que no existen desequilibrios sectoriales y que lo que se necesita es un acto de buena voluntad para que todos ganemos cambiando nuestro comportamiento para poder llegar a un ritmo de crecimiento  de los precios y de los salarios inferior al de los años anteriores.


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