lunes, 16 de enero de 1995

México: No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague

 Si la economía colombiana no se controla bien puede sufrir una crisis externa de grandes proporciones
                                                                                                                                                                    Como suele ocurrir es más fácil comentar los ocurrido que prever lo que va a pasar. La mirada retrospectiva suele ser siempre muy clara mientras que la mirada hacia al futuro es siempre nebulosa. El colapso de la economía mexicana ocurrido el 20 de diciembre del año pasado ha dado lugar a una serie de análisis bastante interesantes. La última columna del prestigioso economista Rudiger Dornbusch en la revista Business Week nos presenta interesantes opiniones sobre la situación mejicana de la cual es conveniente destacar la similitud entre la situación mejicana y la vivida en Chile a comienzos de los ochentas.

Dos países que avanzaron de manera importante en la senda de las reformas estructurales tuvieron que enfrentar una crisis por el mal manejo macroeconómico. El mantener  una tasa de cambio a todas luces irreal financiada por creciente endeudamiento privado lleva finalmente a una crisis externa que precipita a la economía en un período recesivo. La conclusión obvia de lo anterior es bastante clara. Las autoridades económicas no solo deben reformar las instituciones modernizándolas y haciendo más competitiva la economía sino que deben mantener una política cambiaria adecuada. La financiación con endeudamiento externo que acompaña un déficit comercial no es una solución de largo plazo pues las deudas tarde o temprano tienen que pagarse. Los prestamistas e inversionistas no tienen la paciencia del Santo Job, sino que viven revaluando las posibilidades de que su inversión pueda repagarse y generalmente a la primera señal de una posible insolvencia cierran las puertas del endeudamiento.

Si lo que pasó en México y sus causas ha comenzado a aclararse persisten serias dudas sobre los que le puede pasar a la economía latinoamericana. Sin lugar a dudas, el mayor interrogante que existe en el momento es el de la economía argentina. Los analistas que en términos generales encuentran que el Ministro Domingo Felipe Cavallo ha hecho una gestión excelente, sin embargo tienen dudas sobre la viabilidad a largo plazo de su política económica. Como muy bien lo expresó el Ministro argentino en Wall Street la economía argentina difiere de la mejicana en el aspecto de que por ley, la moneda argentina está respaldada por divisas extranjeras. La convertibilidad hace que la fuga de divisas se convierta en una disminución de la base monetaria y transforma la crisis externa en una crisis doméstica pues la reducción de la base monetaria no acompañada por un aumento en el multiplicador monetario se transforma en una reducción del dinero en circulación lo cual como se vio en la gran depresión viene acompañada de un alto desempleo. Esto quiere decir que la economía argentina se vería libre de una crisis externa de fuga de divisas en la medida en que esté dispuesta a aceptar una profunda depresión que a través de una reducción de precios y salarios devuelva la competitividad a la economía argentina. Como el remedio es más grave que la enfermedad es de prever que se logre, en el segundo período de Menem, un ajuste por otros medios.

En cuanto a la situación colombiana y el posible efecto tequila hay que decir que a pesar de lo que dicen Hommes y Perry no estamos en el mejor de los mundos y que si la economía colombiana no se controla bien, puede sufrir una crisis externa de grandes proporciones o una fuerte recesión como sería el caso de la Argentina. El endeudamiento privado colombiano ocasionado por el gran gasto privado muy por encima de los ingresos del sector privado está llegando a niveles bastante peligrosos. Una devaluación del 2 por ciento no puede ser compatible con una inflación de más de 20 por ciento. La competitividad nacional está disminuyendo peligrosamente mientras que se sostiene la bonanza de la construcción y otros sectores que producen bienes no transables. Los acuerdos comerciales que fueron hasta hace poco el camino para la Presidencia del anterior Ministro de Comercio Exterior han quedado reducida a su más mínima expresión. En el baile de la integración a Colombia le toco bailar con las más feas pues sus socios del famoso G3 están pasando por crisis de grandes proporciones que han tenido que ser resueltas con devaluaciones masivas. 

Los colombianos debemos pues comenzar este año con muchas precauciones debemos aprender de las promesas de los enguayabados que se embriagaron con tequila y que prometieron que ahora si iban a portarse bien. Si no ajustamos la economía en este momento es muy probable que lo tengamos que hacer después de una borrachera con aguardiente. Aquí conviene recordar que la plata dulce no es eterna y que si hoy es bueno endeudarse en dólares esto no sigue siendo cierto después de una devaluación a lo mero macho.


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