lunes, 15 de enero de 1996

¿Qué tanto debemos ahorrar?

El ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino que debe verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo actual para poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.

El tratamiento del ahorro y el consumo es uno de los temas más importantes dentro de la teoría económica moderna.  La conclusión más importante que nos ha dejado la discusión sobre este tema es que la mejor manera de comprender las decisiones de ahorro de una sociedad se deriva de las consideraciones que deben tomar las familias dentro de un horizonte de planeación de largo plazo.  La mayoría de las familias ahorra para poder gozar de un nivel de consumo adecuado en las épocas en que los jefes de familia se hayan retirado de la fuerza de trabajo.  De igual manera, las familias jóvenes tienden a endeudarse para poder comenzar a disfrutar la buena vida lo más antes posible.  El sistema financiero dentro de estos modelos llamados de ciclo vital se comporta como un intermediario entre las familias maduras que están ahorrando para la vejez, por una parte, y las familias que tienen necesidades de fondos para poder pagar unos gastos superiores a sus ingresos.  Dentro del tratamiento moderno las decisiones de ahorro de una sociedad están, pues íntimamente ligadas a las del consumo.

Debe anotarse también que uno de los objetivos más importantes de política económica debe ser el poder dotar a la sociedad de magnificas oportunidades de consumo a todas las familias.  Por tanto, lo importante es lograr un equilibrio entre los consumos a lo largo del ciclo de vida y lograr que las generaciones futuras puedan disponer de oportunidades similares o mejores que las de las generaciones actuales.  El Estado por lo general debe respetar las decisiones de las familias en cuanto a sus niveles de consumo a menos que se logre demostrar que las decisiones de las familias van en contra de las generaciones futuras.

No sobra advertir que el consumo es una de las medidas importantes de bienestar de una población y que por lo tanto el gozar de unos altos niveles de consumo es uno de los objetivos claves de política.  Por tanto, el ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino que debe verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo actual para poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.  Más aún, si suponemos que las familias buscan lograr su mayor bienestar y si por alguna razón llegamos a la conclusión de que el nivel de ahorro no es socialmente adecuado la conclusión obvia es que hay algunas fallas del entorno que hacen que las decisiones que son óptimas desde el punto de vista particular no lo sean desde el punto de vista social.

Teniendo en cuenta lo anterior, las discusiones recientes sobre los bajos niveles de ahorro de la economía colombiana deberían entenderse más bien como un deseo de cambiar las reglas de juego imperantes en el país para ser más atractivo el consumo en el futuro que el consumo presente.  El querer reducir la discusión a si los colombianos gastan ahora más de lo que gastaban antes de la apertura y de paso asignar toda la responsabilidad del bajo ahorro a las reformas económicas de la Administración anterior no es enteramente correcto. En primer lugar, debe anotarse que los altos niveles de consumo son en buena parte un fenómeno que ocurre una sola vez.  Los incrementos en el consumo deben interpretarse más bien como lo ocurrido cuando se cambia de una situación en que la demanda ha estado reprimida a una en la que la sociedad tiene disponibles todas sus opciones.  El incremento en los gastos en bienes durables ocurrido en Colombia es muy similar a lo vivido en los Estados Unidos al finalizar la segunda guerra mundial.  El regreso de los veteranos y la eliminación de las restricciones vigentes durante la guerra vinieron acompañados de elevados gastos en bienes durables que dieron un fuerte impulso a la economía norteamericana.

En segundo lugar, el elevado gasto reciente de los hogares colombianos se ha disparado por una sobre valoración del peso y por las bajas tasas de interés que se utilizaron en un momento como instrumentos de estabilización.  En estas circunstancias, el elevado consumo de los colombianos más que un problema real era la consecuencia de un entorno económico inapropiado en el que existían serios desequilibrios macroeconómicos.  La falta de ahorro era pues la consecuencia de una política económica equivocada y por lo tanto la solución adecuada para obtener un mayor nivel de ahorro era eliminar las distorsiones existentes.  Afortunadamente y sin querer queriendo, los desequilibrios cambiarios y monetarios se han venido solucionando lo que indudablemente tendrá un efecto positivo en los niveles de ahorro de la economía colombiana.

Si bien las dos principales causas de un gasto excesivo ya no están vigentes pues la transición hacia el nuevo régimen más abierto se ha dado y los desequilibrios cambiarios y monetarios se han reducido es necesario tomar medidas adicionales para que sea atractivo disminuir el consumo actual con el fin de aumentar el consumo futuro.  La elevación del IVA en dos puntos puede ayudar un poco pues como lo reconocen la mayoría de los economistas el cambio de un impuesto a la renta por un impuesto al consumo tiende a incentivar el ahorro.  La reforma pensional y la creación de un nuevo sistema de seguridad social también es una acción en la dirección correcta.  Finalmente, el aumentar la rentabilidad de las inversiones del común de la gente y la eliminación de los privilegios a los grandes conglomerados puede ser un elemento importante para aumentar para que el colombiano común y corriente consuma menos ahora con el fin de logra un mejor nivel de bienestar en el futuro.



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