lunes, 13 de mayo de 1996

El plan de no-reactivación

Para algunos de los analistas pensar en reactivación con los niveles de déficit externo actual puede resultar en una crisis cambiaria

El Presidente Samper aprovechando la oportunidad de la posesión de José Antonio Ocampo nuevo Ministro de Hacienda, ha lanzado el nuevo plan de reactivación en el que da a conocer una serie de medidas para lograr aumentar el ritmo de crecimiento de la economía. El paquete contiene una serie de medidas encaminadas a inducir al sector privado a incrementar sus planes de gasto.

En sus primeras declaraciones a los medios de comunicación, el Ministro de Hacienda, tratando de convencer al sector privado de su ortodoxia fiscal, ha aclarado que el paquete no está basado en un incremento del gasto público, sino que busca estimular algunos componentes del gasto agregado a través de medidas relacionadas con la política monetaria, cambiaria y crediticia. Teniendo en cuenta esas precisiones, el plan de reactivación más bien parece un mensaje  a sus colegas de la Junta Directiva del Banco de la República que un plan de acción, trabaja para su, probablemente, muy breve faena como Ministro de Hacienda. La promesa de mantener una disciplina fiscal es un buen anuncio del Ministro Ocampo, y revela un cambio positivo de alguien que hace menos de quince años, cuando trabajaba en Fedesarrollo, pregonaba el impulso fiscal como la solución apropiada para mantener altos ritmos de crecimiento de la actividad económica.

A pesar de las declaraciones del Ministro han comenzado a surgir serias críticas al plan propuesto. Para algunos de los analistas, pensar en reactivación con los niveles de déficit externo actual puede resultar en una crisis cambiaria. El razonamiento es muy sencillo. Mientras que la Tasa de Cambio esté en tope de la banda, cualquier disminución en la tasa de interés se va a traducir en una mayor demanda de divisas por parte del sector privado. Ante la mayor demanda de la Junta Directiva del Banco de la República debe vender dólares, lo que trae como consecuencia una disminución de las reservas internacionales y una reducción de la oferta monetaria. El menor crecimiento de la liquidez, finalmente, desemboca en un aumento de las tasas de interés. El estímulo lo único que conseguirá es exportar reservas internacionales lo que hace más vulnerable de la economía al desequilibrio externo y aumenta las posibilidades de una especulación del peso.

Que esto no es una especulación de unos teóricos, se puede comprobar repasando la triste historia cambiaria ocurrida en los años 83 y 84 en Colombia. Bajo la dirección del Ministro Edgar Gutiérrez, se dieron considerables estímulos para contrarrestar la recesión de la industria antioqueña y para salvar el sistema financiero colombiano. El resultado no fue el anunciado. El ritmo de crecimiento se mantuvo como uno de los más bajos de la historia colombiana, mientras que el nivel de reservas bajó considerablemente obligando al final al gobierno a tomar drásticas medidas para conjurar la crisis cambiaria.

El estímulo a la economía Colombiana en presencia de un déficit externo es cada vez menos aconsejable, pues a raíz de la apertura la movilidad de los capitales se ha incrementado, lo que hace que las reacciones a un estímulo monetario sean mucho más inmediatas y potentes. Más aún, en las circunstancias actuales en las que la crisis de gobernabilidad ha inducido a una preferencia por los dólares, la baja de las tasas de interés lo único que va a hacer es permitir satisfacer esta mayor demanda de divisas.


La conclusión que nos deja el análisis de las experiencias anteriores en Colombia, así como lo ocurrido recientemente en México y Venezuela, es que un estímulo monetario lejos de convertirse en una solución para la economía con problemas puede en un momento dado convertirse en una de las causas de una crisis cambiaria. Cuando el sector privado no tiene interés en invertir, la abundancia de crédito no asegura que se aumente el gasto en nuevo equipo. En estas circunstancias se aplica el famoso dicho de que a un caballo se le puede llevar a un río pero no se le puede obligar a beber. 

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