jueves, 11 de septiembre de 1997

Las implicaciones del fenómeno del Niño

En estos días se ha comentado las posibles implicaciones de la sequía causada por el fenómeno del Niño. Para muchos analistas la sequía va desembocar en un aumento en la tasa de inflación que podría poner en peligro el cumplimiento de las metas de inflación. La explicación es muy sencilla pues dentro del análisis convencional la sequía es equivalente a un choque en la oferta agregada que lleva al conocido fenómeno de la estanflación o sea el estancamiento con inflación. El aumento de la inflación como es apenas natural se originaría en el grupo de alimentos y después se generalizaría a los otros grupos en buena parte como reflejo de un aumento de costos de materias primas y los incrementos en los ajustes salariales.

Este análisis tradicional ha comenzado a perder validez con la apertura de la economía colombiana pues en este entorno la disminución en la producción de alimentos no se traduce necesariamente en un aumento en el costo de los alimentos, sino que más bien se refleja en un aumento en las importaciones de alimentos y materias primas de origen agropecuario. El aumento en los precios es mínimo en la medida en que el fenómeno de la sequía sea de carácter local. Cuando el fenómeno afecta a toda la economía mundial como ocurrió en 1973, la disminución de la producción tiene claramente un impacto en la inflación.

Teniendo en cuenta lo anterior y a juzgar por la evidencia el fenómeno del niño por ser de carácter local no va a tener un gran impacto en la inflación sino que más bien se va reflejar en un aumento en la importación de alimentos. En consecuencia, el impacto en la balanza de pagos se torna como el elemento clave del análisis del impacto del fenómeno del niño en el sector agropecuario. Es claro que el aumento de las importaciones de alimentos tiene como consecuencia un aumento en la demanda de divisas lo que se deberá ver reflejado en una tendencia a la devaluación nominal del peso. La tendencia hacia la devaluación nominal por una parte va a permitir un manejo menos complicado de la tasa de cambio y va a tender a llevar la tasa de cambio hacia el techo de la banda cambiaria. Por otra parte, el aumento en el déficit en cuenta corriente va agravar el problema del sector externo. El aumento en el déficit externo tarde o temprano se debe convertir en un aumento en el nivel de endeudamiento externo lo que aumentaría las posibilidades de una crisis cambiaria.

El proceso de apertura ha cambiado de manera fundamental la manera como se transmite el choque causado por una sequía. Ya el efecto precio no es tan importante como antes sino que ahora el efecto se refleja en la cuenta corriente de la balanza de pagos y por lo tanto su impacto depende de la situación imperante en el momento en el frente externo. Si ocurre, en momentos como el actual en la que el sector externo se encuentra débil su impacto puede ser muy grave. Por el contrario si el país estuviera con superávit externo, la sequía serviría para ayudar a estabilizar la economía.



Para completar el análisis del impacto de una sequía en la economía colombiana es necesario estudiar el impacto de la sequía en la oferta de energía. La gran diferencia entre este caso y el anterior se origina en que los servicios de energía eléctrica no son comercializables internacionalmente y por lo tanto la disminución debida a la sequía se va a traducir en una reducción de la oferta y en un incremento en precios. En este caso de bienes no transables internacionalmente como la energía eléctrica la reducción en su oferta resulta claramente en la estanflación. Y por lo tanto la sequía puede llevar a un incremento de la tasa de inflación y una posible recaída en la recesión.

La gran vulnerabilidad del sistema eléctrico nacional que se ha puesto de presente con el ataque guerrillero ha vuelto a poner sobre el tapete el tema del racionamiento eléctrico. Las amargas experiencias vividas hace pocos años deberían ponernos a reflexionar sobre la importancia de usar el sistema de precios para racionar la demanda. Los economistas deberán entrar muy pronto en este tema y aportar sus argumentos para defender un cambio en la política de precios como elemento de control de la demanda.



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