lunes, 2 de marzo de 1992

Verano Oscuro: Culpa del Niño o del "Chino"

Los encargados del sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales de los setenta.

Después de haber pasado por un crudo invierno que acabó con las calles de Bogotá, que la eficiente administración del Doctor Juan Martín Caicedo no ha podido reparar, nos enfrentamos a la declaración de un racionamiento de energía.

Los encargados del sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales de los setenta.

El sector eléctrico, que a mediados de 1985 se caracterizó por unos excedentes de generación y por un sobre-dimensionamiento, ha pasado a ser un sector con deficiencias. Colombia ha entrado un poco más tarde que otros países de racionamiento al ciclo energético. De una etapa de racionamiento pasa a una de exceso de capacidad instalada y luego, otra vez, en la época de apagones. Esto se ha vivido en otros países como Argentina y Brasil, donde también se han hecho desarrollos con base en hidroeléctricas.

Los errores de planeación y el inmoderado optimismo de un crecimiento, da lugar a una etapa de ampliación considerable de expansión. Por otra parte, la necesidad de servir la deuda incurrida, da lugar a aumentos de tarifas que influyen negativamente en el crecimiento de la demanda y que causan, a su vez, el exceso de capacidad. El exceso de la capacidad instalada y el alto endeudamiento del sector frenan la inversión, lo que también influye en el futuro racionamiento.

En este ciclo energético el experto Guillermo Perry, que cuando era un joven y destacado ingeniero se ganó por su precocidad el remoquete de "El Chino Perry", ha tenido una participación importante. Como consultor, dirigió el Estudio Nacional de Energía, lo cual tuvo como consecuencia un plan de expansión del sector eléctrico, que dió lugar a la sobreinversión.

Más tarde, como Ministro de Minas y Energía, para enmendar el sobre-dimensionamiento existente y de acuerdo con los organismos multilaterales de crédito, frenó el ritmo de inversión de los mega-proyectos del sector eléctrico. El frenazo al Guavio y a otras inversiones nos ha colocado, cinco años más tarde, en un racionamiento con altos costos sociales y políticos.

La planeación del sector eléctrico, que en una época había sido considerada como la mejor del país, ha entrado en una nueva crisis. Los errores del pasado unidos a una gestión deficiente, han sido tan grandes que nos han llevado a esta situación. La larga gestación de los proyectos hidráulicos ha sido una de las causas estructurales del ciclo de los proyectos. El análisis elemental del conocido modelo de la telaraña ha enseñado a los estudiantes de primer año de economía, que entre mayor sea el rezago entre la decisión y la ejecución, mayor es la inestabilidad.


Esta clara enseñanza de la teoría económica es olvidada por los diseñadores, quienes muchas veces seleccionan el proyecto con el criterio equivocado. En varias ocasiones he oído defender, equivocadamente, un proyecto por sus bajos costos de inversión por unidad de potencia.  El criterio correcto es escoger el proyecto con base en un criterio de minimización del costo por kilovatio-hora producido. En estos momentos, en que nuestros embalses están agotados, no es un consuelo saber que tenemos capacidad de generación en exceso, si nos falta el agua, o sea la materia prima para la generación hidráulica. 

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