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lunes, 7 de marzo de 2016

El sistema eléctrico colombiano entra al Socialismo del Siglo XXI con un Apagón

Justo cuando me iba a disponer a publicar la columna de esta semana en el blog, el Presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, soltó una noticia bomba en su alocución en la mañana de hoy 7 de marzo de 2016.


A una hora completamente inusual para dirigirse a los colombianos, el Presidente Santos le informó al país que le había aceptado la renuncia al Ministro de Minas y Energía, Tomás González Estrada, “porqué (el Ministro) asumió la responsabilidad por la demora en estas medidas de ahorro y ha presentado su renuncia.”


lunes, 13 de marzo de 1995

Apagón pactado

El Pacto Social se puede convertir, al igual que la famosa teoría del sobredimensionamiento, en la razón de ser un futuro apagón

El aumento en el costo de vida en febrero resultó más alto de lo esperado por el Gobierno.  El aumento en lo corrido del año es muy, superior a lo que se esperaría de tanto protagonismo que ha tenido el Pacto Social en los medios de comunicación.  Lo más triste es que esta disminución tan pequeña sólo se ha logrado al diferir aumentos en los precios controlados por el Gobierno.  Gracias a que el alza de la gasolina se hizo en la última década y por lo tanto no quedó registrada en las mediciones del Dane, se ha logrado mantener una tasa de inflación ligeramente inferior al 21 por ciento.  Basados en las cifras anteriores, los analistas han comenzado a apostar en contra del cumplimiento de la meta del 18 por ciento para 1995.

El incumplir la meta de inflación es grave para la credibilidad de la política económica, pues en el futuro los agentes económicos con toda seguridad no volverán a jalarle al Pacto y la oportunidad de doblegar el flagelo inflacionario en la Administración Samper se habrá perdido.  Lo que es triste es que este magro resultado se ha obtenido a un alto costo.  Como se ha mencionado anteriormente en esta columna, las empresas de servicios públicos han sido afectadas adversamente por el Pacto Social, pues su situación financiera se ha visto desmejorada y el objetivo de mantener una solvencia financiera ha pasado a ocupar un lugar secundario.  Las cuantiosas inversiones necesarias para atender los incrementos en la  demanda tienen que ser aplazadas, pues las empresas no pueden hacer frente a un agresivo programa de expansión necesario para atender en forma adecuada a sus sufridos usuarios.

El racionamiento en el servicio de acueducto, se ha comenzado a aplicar en algunas regiones y la perspectiva de un nuevo apagón ha sido aceptada  por el Ministro de Minas y Energía.  Los bajos precios de la energía eléctrica han puesto en peligro la viabilidad financiera, de las empresas de energía, han desincentivado la participación del sector privado y están induciendo consumos muy por encima de lo que sería aconsejable en estas épocas de sequía.  El Pacto Social  se puede convertir, al igual que la famosa teoría de sobredimensionamiento en  la razón de ser de un futuro apagón.

El impedir mediante políticas inadecuadas que el sistema de precios cumpla con su función de asignación de recursos, puede llevarnos a una situación cuyos recuerdos todavía están frescos.  Las comidas frías, la subida de nueve pisos a pié, las tareas realizadas a la luz de la vela y todas las incomodidades sufridas en el apagón anterior deberían servir para intentar resolver esta discrepancia entre oferta y demanda. 0 través del sistema de precios.  Un sobreprecio en épocas de sequía y una disminución en épocas de fuertes lluvias haría que tanto empresas como consumidores actuaran en forma socialmente responsable, disminuyendo el consumo y aumentando la generación térmica cuando bajan los embalses.  El cambio en la política de tarifas del sector eléctrico es una medida más apropiada para manejar una escasez temporal, que apelar a un racionamiento que se sabe tiene que hacerse de manera severa, pues los pañitos de agua tibia lo único que hacen es desplazar el consumo para otra hora.

El Ministro Perry tiene que aceptar que los costos de la política de reducción de la inflación han comenzado a ser muy superiores a sus beneficios.  Es el momento de h hacer un acto de fe en las bondades del sistema de precios como instrumento para asignar los recursos escasos. Impedir que el  sistema de precios envíe las señales correctas, puede tener consecuencias  muy graves 

lunes, 23 de enero de 1995

La Leona y el Niño

Mientras que la competencia en las cervezas  aleja cada vez más la posibilidad de tener que ver los partidos de fútbol a palo seco, la falta de competencia y los continuados errores de política  mantienen latente la posibilidad de un racionamiento de energía eléctrica

Simultáneamente con el comienzo de la guerra de las polas ha vuelto al  tapete el  tema de un posible apagón.  Mientras que los clientes de los monopolios privados de la cerveza comienzan a independizarse de su habitual proveedor, el sufrido usuario del monopolio estatal tiene que seguir acudiendo a las rogativas a San Pedro para que en los próximos años no se presente con mucha intensidad el fenómeno del Niño.  Mientras que la competencia en las cervezas aleja cada vez mis la posibilidad de tener que ver los partidos de fútbol a palo seco, la falta de competencia y los continuados errores de política mantienen latente la posibilidad de un racionamiento de energía eléctrica

En efecto, la política energética de 1995 sigue tan equivocada como la que nos llevó al apagón de 1992.  Los precios de la energía eléctrica se mantienen por debajo de su costo conduciendo a una equivocada asignación de recursos.  Los usuarios residenciales en Colombia continúan consumiendo mucha más energía eléctrica que en otros países de igual grado de desarrollo.  Los bajos precios de la electricidad en Colombia siguen incentivando su despilfarro en la cocción de alimentos y en el calentamiento de agua para el baño.  Colombia sigue manteniendo el dudoso privilegio de ser la nación en donde el consumo residencial de electricidad es superior al consumo industrial de energía eléctrica.  A pesar de la amarga experiencia de 1981 y 1992 seguimos dependiendo en grado sumo de las hidroeléctricas.  A pesar de tener tarifas industriales mis altas que las de los países a los cuales exportamos nuestro carbón nos seguimos creyendo el cuento de que la energía hidroeléctrica es mucho más barata que la térmica.
  
Pero más grave aún que mantener una política equivocada de precios es aumentar sus distorsiones.  En aras de un pacto social se sacrifica la viabilidad financiera de las empresas del sector.  La posibilidad de contar con inversión del sector privado es cada vez más remota cuando se pospone indefinidamente el ajuste de las tarifas residenciales y el desmonte de los subsidios a los consumidores del servicio eléctrico.

El plan de masificación del consumo de gas avanza lentamente debido a los bajos precios fijados para el gas.  Ante la imposibilidad de importar masivamente gas tenemos que seguir esperando que aparezcan depósitos de gas cerca a los grandes centros de consumo que permitan servir las principales ciudades. Con aumentos del 18 por ciento en el  precio del gas es casi imposible que el sector privado encuentre atractivo en el negocio y por lo tanto es necesario seguir dependiendo del monopolio estatal.
  
Y como si esto fuera poco, el efecto tequila ha comenzado a sentirse en el costo de capital.  Un sector como eléctrico tan intensivo en capital y tan dependiente del ahorro externo es, sin lugar a dudas, tremendamente vulnerable a los eventos ocurridos en el frente cambiario.  Los encargados del sector eléctrico no deben olvidar lo que - ocurrió en 1982 cuando el no pago de deuda mejicana desencadenó la crisis en toda Latinoamérica.  Los mercados comenzaron a cerrarse, las tasas de interés subieron y finalmente las devaluaciones masivas acabaron con  la viabilidad financiera de unas empresas con altos niveles de endeudamiento externo.

Ante un panorama tan incierto, el sector eléctrico debe dejar de preocuparse por si va a haber un apagón este año y comenzar a discutir si sus políticas de precios son coherentes con una inversión del sector privado.  También debe analizar las implicaciones de cierre del crédito externo y de una posible devaluación masiva.  Si no lo hace volveremos al triste espectáculo del sacrificio de inocentes funcionarios del sector eléctrico para calmar a un público enardecido por haber soportado las consecuencias de un apagón.

lunes, 7 de marzo de 1994

Recordando el 92

Todas las discusiones serias sobre el tema ponen de manifiesto que el origen del apagón se origina en la equivocada decisión de desacelerar los grandes proyectos de inversión.

En esta semana se cumplió el segundo aniversario del apagón de mil novecientos noventa y dos. El recuerdo penoso de los trece meses se revivió con el apagoncito del martes pasado. Las dos horas de apagón revivieron para muchos los inconvenientes vividos a lo largo de trece meses que ensombrecerán perennemente a la administración Gaviria. Como en todos los aniversarios, la ocasión es propicia para reflexionar sobre lo que nos enseñó tan amarga experiencia.

Todas las discusiones serias sobre el tema ponen de manifiesto que el origen del apagón se origina en la equivocada decisión de desacelerar los grandes proyectos de inversión. Guillermo Perry, el primer Ministro de Minas y Energía de la Administración Barco se equivocó en materia grave al aplazar la entrada de los principales proyectos hidroeléctricos. Los altos costos que tuvimos que pagar por aplazamiento de los proyectos son inmensamente superiores a los precarios beneficios que pudo obtener el país por el cambio súbito en sus prioridades de inversión. Alterar el ritmo de inversión de proyectos de tal complejidad nunca puede ser considerado como un buen elemento de control macroeconómico. Es evidente que el equilibrio macroeconómico debe lograrse a través de políticas de carácter general sin tener que entrar a cambiar los planes de trabajo de un proyecto en ejecución.

Un segundo error que nos llevó a los problemas del racionamiento es haber basado el desarrollo del sector eléctrico en proyectos hidroeléctricos. Generar energía con agua y no con carbón puede resultar más económico en el corto plazo especialmente cuando hay abundancia de agua. En el largo plazo, en una economía en que hay escasez de capital y en la que hay una mayor incertidumbre en los proyectos hidroeléctricos puede resultar contraproducente depender demasiado en la generación basada en el agua. Los retrasos originados por problemas debidos a las condiciones geológicas y a la alta rotación en las directivas de las empresas pueden acabar con las ventajas relativas de los proyectos hidroeléctricos. La comparación de los costos de la energía entre Colombia y los países que nos compran carbón para generar muestra que los costos de la energía eléctrica en los países que nos compran carbón suelen ser menores que los altos costos que deben pagar los usuarios industriales y comerciales en Colombia.

El tercer error grave en materia de política energética que llevó al apagón del 92 es haber diseñado una política de tarifas que incentiva no solo el mal uso de este recurso escaso por parte de los usuarios de bajos ingresos sino que incentiva el contrabando de energía por parte de los grandes usuarios. Colombia ha abusado de los esquemas redistributivos y los ha convertido en una de las principales causas de la mala asignación de los recursos energéticos. El pensar que las tarifas no tienen ningún efecto en el consumo es una de las principales causas de la mala asignación de recursos en Colombia. Las políticas pregonadas por nuestros populistas de turno han llevado a distorsiones de gran magnitud que han resultado extremadamente difíciles de desmontar.


Una cuarta enseñanza de esta dura experiencia es que el manejo de las empresas es vital. El lograr minimizar el impacto negativo del clientelismo en las empresas es realmente importante. El buen comportamiento de EPM y el mal comportamiento de otras Empresas del sector se explica porque los ciudadanos del Valle de Aburrá decidieron minimizar el influjo de los políticos y dotaron a EPM de instrumentos que les permite operar sin tener que pasar permanentemente por el Concejo. Las mejoras institucionales logradas con el Estatuto de Bogotá pueden permitir que en el futuro la EEB pueda competir favorablemente con otras ciudades y aún con el sector privado.

martes, 22 de diciembre de 1992

Mil novecientos noventa y dos: el año del niño

Lo más importante ocurrido en los últimos doce meses en el campo económico es, sin lugar a dudas, el cruel apagón que nos ha venido acompañando desde marzo.

Los Organismos Internacionales y en especial las Naciones Unidas suelen seleccionar algunos años con el fin de destacar a un grupo de la población. El horóscopo chino designa los años con un nombre de animal. Los periodistas cuando escriben sus resúmenes de fin de año escogen un evento importante para caracterizar lo más importante de los últimos 365 días. Mil novecientos noventa y dos quedará registrado como el "año del niño".

En efecto, lo más importante ocurrido en los últimos doce meses en el campo económico es, sin lugar a dudas, el cruel apagón que nos ha venido acompañando desde marzo. El impacto en la pequeña y mediana empresa y en los hogares ha sido muy grande. El racionamiento de energía eléctrica ha tenido impactos negativos en el nivel de producción de muchas empresas, ha cambiado los hábitos de gran parte de los colombianos y ha hecho sufrir a innumerables estudiantes que han tenido que hacer sus labores escolares a la luz de una vela.

El manejo del problema energético ha sido muy poco afortunado. En primer lugar, el gobierno pospuso la decisión de racionar hasta muy pocos días antes de las elecciones. El análisis de los registros históricos muestra que desde finales del año pasado era posible prever que en 1992 habría problemas con la oferta de energía eléctrica. En efecto, el nivel de los embalses a partir de octubre fue muy inferior al promedio histórico. La falta de una decisión oportuna agravó considerablemente el problema.

En segundo lugar, el gobierno falló lamentablemente en precisar las verdaderas causas del apagón. Comenzó con una historia sencilla en la que el único culpable era el prolongado verano causado por el fenómeno del niño y terminó acusando a todos los encargados del sector eléctrico en los últimos diez años. El Sector Eléctrico de la noche a la mañana pasó de ser el mejor planeado y el mejor manejado dentro de sector público a ser el chivo expiatorio. Con el fin de calmar la justa protesta ciudadana, el Gobierno, el legislativo, y los organismos fiscalizadores realizaron una cacería de brujas que terminó con la carrera pública de distinguidos técnicos del sector eléctrico.

En tercer lugar, el gobierno no pudo cumplir con el programa de emergencia. Las barcazas nunca pudieron entrar en funcionamiento, las plantas térmicas siguen en muy mal estado y el sistema sigue vulnerable a la acción de la guerrilla. Dentro de este panorama desolador de incompetencia en el manejo de la crisis, se salva la terminación del Proyecto Hidroeléctrico del Guavio. Lo que nuestro tropicalismo llamó el "descalabro gerencial del siglo" y la "presa en el aire", al final de cuentas resultó ser la verdadera solución para el racionamiento de energía. Parece claro, entonces, que la terminación a tiempo del Proyecto Guavio y la segunda etapa de Rio Grande hubieran evitado el problema.

La decisión de posponer deliberadamente la entrada del Proyecto Guavio tomada en el Gobierno anterior fue un grave error. Si las cosas hubieran continuado dentro del cronograma vigente al final de la Administración Betancur, se hubiera podido evitar el grave problema que hemos vivido en el presente año. Más aún, la Empresa de Energía de Bogotá no estaría en una situación financiera tan grave pues hubiera podido comenzar a generar desde diciembre de 1989 y se habría ahorrado los pagos que ha tenido que hacer al sistema interconectado en estos tres últimos años.


Me complace sobremanera que el Doctor Alberto Calderón y el Alcalde de Bogotá hayan podido cumplirle al país. Les hago llegar mi sincera felicitación para ellos y para los sufridos funcionarios de la Empresa de Energía que durante la construcción han tenido que trabajar muchas veces en condiciones muy desfavorables. 

miércoles, 4 de noviembre de 1992

Credibilidad Nula

Las autoridades del sector energético piensan únicamente en si se debe racionar los lunes festivos o no.  La solución de utilizar el sistema de precios para igualar la oferta con la demanda no se les pasa por la cabeza.

Hace poco más de un año se comenzó a gestar el problema eléctrico.  En los meses de septiembre y octubre de 1991 se presentó un descenso en el nivel de los embalses.  En lugar de crecer como era lo habitual en estos meses, que tradicionalmente eran de invierno, los embalses comenzaron a disminuir.  En esa época las autoridades energéticas se dejaron sorprender y no tomaron ninguna medida que hubiera podido disminuir la severidad de los racionamientos.  Por no haber adaptado las medidas a tiempo el racionamiento ha tenido que prolongarse más y ha sido mucho más severo.

La actuación de los dirigentes del sector energético en estos últimos trece meses ha sido fatal.  La falta de liderazgo ha sido enorme.  El gran esfuerzo se ha dedicado a buscar chivos expiatorios.  La cacería de brujas emprendida ha causado víctimas inocentes y acabado con la honra de muchos funcionarios que tuvieron la poca fortuna de servir a el sector eléctrico en los últimos diez años.

El manejo de la crisis ha sido poco imaginativo.  El racionamiento de la energía eléctrica ha sido el arma preferida de las autoridades.  Infortunadamente, esta manera de afrontar el problema ha sido inconveniente e injusta.  Las principales dependencias del Estado no han sufrido ni un solo momento la falta del preciosos “fluido”eléctrico.  La gran industria también ha estado de buenas porque sus instalaciones siempre han contado con energía.  El sufrido ciudadano y el pequeño empresario han tenido que soportar todos los rigores del racionamiento. 

El sector eléctrico no ha logrado aumentar su oferta en manera apreciable.  La prometida interconexión con Venezuela y las tan esperadas barcazas quedaron nada más como palabras, tan sólo palabras.  Los ricos, los banqueros, algunos estilistas han resuelto su problema mediante la compra de equipos que han contribuido a aumentar los niveles de contaminación sonora y ambiental de nuestras ciudades.

La desidia del sector público ha sido monumental.  En lugar de encargar del problema al gerente de ISA, para que éste se convierta en el gerente de la Emergencia Eléctrica, se contrata a un destacado cerebro repatriado para que por la módica suma de 45 millones de pesos informe si el cronograma del plan de emergencia se está cumpliendo.  El sistema de seguimiento de la Emergencia Eléctrica nos recuerda el que usó el Departamento de Defensa de Estados Unidos en la Guerra del Vietnam.  Este sistema informaba detalladamente sobre el número de bombas que se lanzaban y sobre las bajas del enemigo pero nunca informó que la guerra se estaba perdiendo.

Las autoridades no han tomado conciencia de la importancia de enfrentar el problema de la falta de energía.  Recientemente pasé por la séptima con 70 y me sorprendió ver que una pequeña peluquería y una salsamentaría tenían luz mientras que el semáforo de la esquina estaba totalmente apagado.  El sector privado se había enfrentado al problema y había tratado de atender a sus clientes mientras que el funcionario público toleraba que se creara un caos en el tráfico porque un semáforo no tenía energía.

La falta de imaginación de nuestras autoridades energéticas es monumental.  Piensan únicamente en si se debe racionar los lunes festivos o no.  La solución de utilizar el sistema de precios para igualar la oferta con la demanda no se les pasa por la cabeza.  En un año los cambios se hubieran dado. La sustitución de energéticos se hubiera facilitado.  El cambio de la manera que se otorgan los subsidios hubiera ya reducido el sobre consumo de las familias que no se enfrentan al verdadero costo de la energía.  Si a  los consumidores de bajos ingresos se les cobra el verdadero costo del servicio pero a la vez se les otorga una ayuda global sin que dependa del consumo, su comportamiento hubiera cambiado sin tener que sufrir por ello una baja en los ingresos.

El mito de que la gente no responde a la variación de los precios no tiene mucha validez en el largo plazo.  Más aún, en la medida en que los anuncios del gobierno tengan credibilidad, la reacción del consumidor es más fuerte.  La mayoría de los que no han resuelto su propio problema ha sido porque le han creído al gobierno que él se iba a arreglar rápidamente y que los apagones iban a ser temporales.  De saber que la incapacidad del gobierno iba a ser tan grande, ya hubiéramos arreglado nuestro propio problema.  La solución del problema debe iniciarse con un programa creíble por parte del gobierno.  No podemos seguir confiando en la posibilidad de lluvia.



lunes, 4 de mayo de 1992

Buenas noches y muchas gracias

La buena noticia de poder contar con una oferta abundante de gas propano viene, acompañada de la mala noticia de que esto le va a implicar al sufrido consumidor, un aumento de casi el ciento por ciento sobre su factura mensual.

El presidente Gaviria se dirigió a los colombianos el miércoles de la semana pasada. En su discurso el Presidente señala una serie de posibles causas del cruel apagón que hemos estado padeciendo desde las últimas elecciones. El miércoles, por primera vez, se hizo un pronunciamiento enjuiciando la política de precios de los energéticos.

Estoy totalmente de acuerdo con el presidente cuando afirma que "Otro de los problemas es el de la estructura tarifaria". Desde hace bastante tiempo he venido sosteniendo que uno de los mayores problema del sector tiene que ver con las grandes distorsiones vigentes en el precio de los energéticos. La fijación de precios se ha hecho en buena parte con ánimo fiscalista tratando de generar no más energía sino, más bien, más recursos para las empresas.

Está política ha sido totalmente equivocada. Cuando se han elevado las tarifas por encima de su nivel de equilibrio lo único que se ha logrado es generar unos excedentes de oferta que han tenido como consecuencia el sobre-dimensionamiento. Por otra parte, los precios bajos han tenido como consecuencia un exceso de demanda y una reducción de la oferta. Los excesos de demanda o sobre-dimensionamientos son simplemente otro nombre para precios altos en el sector energético y los racionamientos no son sino la consecuencia elemental de los precios bajos de los energéticos.

La estructura diseñada por sucesivas Juntas de Tarifas para el sector eléctrico ha llevado a situaciones muy graves. Los problemas existentes son muy bien descritos por el Señor Presidente en su discurso. "Hay muchas empresas de carácter industrial y de carácter comercial que están pagando muy por encima de sus costos, que están empezando a autogenerar, que se están empezando a salir del sistema y que el sistema eléctrico va a quedar eventualmente con los usuarios que no tienen capacidad de pago y que se van a salir los usuarios que si tienen capacidad."

El racionamiento eléctrico se debe no solo a fallas en el sector eléctrico sino que en buena parte es el resultado natural del exceso de demanda creado por unos precios bajos de todos los energéticos. Como se muestra en el documento Conpes 2571 del pasado 18 de diciembre, "En Colombia los precios de los energéticos tienen una estructura inadecuada. Exceptuando el carbón, todos los energéticos tienen un precio de venta inferior a su costo económico, lo cual supone subsidios al consumidor."

La masificación del consumo del gas que nos promete el Presidente como una de las soluciones del racionamiento de 1993 y que en sus palabras "nos permitirá cambiar la composición de las fuentes de energía, tener más energía de origen térmico y no tener ese recargo tan grande de energía hidroeléctrica que hace vulnerable todo el sistema en tiempos de sequía" depende en buena parte de "llevar a precios internacionales el gas propano, que es un material que tiene que importar el país."

El documento CONPES mencionado, que entre otras, se ha hecho famoso por sostener la existencia de 2000 Mw en capacidad excedentaria eléctrica, tres meses antes de la iniciación del más salvaje racionamiento de la historia reciente, muestra un cuadro impresionante sobre estas distorsiones en el precio de los energéticos.

La energía eléctrica por la cual estaríamos a dispuestos a pagar mucho más de su costo económico de 750 dólares por tonelada equivalente de petróleo (TEP) tiene un precio apenas de 504.8 dólares y los afortunados que gozan sin ninguna justificación del no racionamiento están recibiendo, además, un subsidio del 32.7 porciento. Esto quiere decir que los privilegiados industriales y algunas entidades oficiales que tienen su oferta garantizada reciben de los sufridos consumidores la tercera parte del valor de su cuenta eléctrica.

El presidente ha informado que quiere aumentar la oferta de gas propano y gas natural. La buena noticia de poder contar con una oferta abundante de gas propano viene acompañada de la mala noticia de que esto le va a implicar al sufrido consumidor un aumento de casi el ciento por ciento, 92 por ciento para ser más precisos, sobre su factura mensual de gas propano. Para llevar el gas natural a su precio económico de 183.7 dólares por TEP el consumidor tendrá que pagar un aumento, módico, del 69 por ciento. Sin embargo, a los usuarios del gas natural, como los de Ciudad Salitre, les va a quedar el consuelo de que su cuenta energética va a ser la más baja pues según el documento del DNP es el energético diferente al carbón con el menor valor económico.

Las cifras del tan mencionado documento CONPES están mostrando algo bien interesante. La energía eléctrica tiene un costo económico de 750 dólares mientras que el carbón tiene un costo de 24.8 dólares. Si esto fuera cierto, querría decir que el negocio más grande para el país es transformar el carbón en energía eléctrica y que por lo tanto la mejor inversión es hacer plantas termoeléctricas.

lunes, 2 de marzo de 1992

Verano Oscuro: Culpa del Niño o del "Chino"

Los encargados del sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales de los setenta.

Después de haber pasado por un crudo invierno que acabó con las calles de Bogotá, que la eficiente administración del Doctor Juan Martín Caicedo no ha podido reparar, nos enfrentamos a la declaración de un racionamiento de energía.

Los encargados del sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales de los setenta.

El sector eléctrico, que a mediados de 1985 se caracterizó por unos excedentes de generación y por un sobre-dimensionamiento, ha pasado a ser un sector con deficiencias. Colombia ha entrado un poco más tarde que otros países de racionamiento al ciclo energético. De una etapa de racionamiento pasa a una de exceso de capacidad instalada y luego, otra vez, en la época de apagones. Esto se ha vivido en otros países como Argentina y Brasil, donde también se han hecho desarrollos con base en hidroeléctricas.

Los errores de planeación y el inmoderado optimismo de un crecimiento, da lugar a una etapa de ampliación considerable de expansión. Por otra parte, la necesidad de servir la deuda incurrida, da lugar a aumentos de tarifas que influyen negativamente en el crecimiento de la demanda y que causan, a su vez, el exceso de capacidad. El exceso de la capacidad instalada y el alto endeudamiento del sector frenan la inversión, lo que también influye en el futuro racionamiento.

En este ciclo energético el experto Guillermo Perry, que cuando era un joven y destacado ingeniero se ganó por su precocidad el remoquete de "El Chino Perry", ha tenido una participación importante. Como consultor, dirigió el Estudio Nacional de Energía, lo cual tuvo como consecuencia un plan de expansión del sector eléctrico, que dió lugar a la sobreinversión.

Más tarde, como Ministro de Minas y Energía, para enmendar el sobre-dimensionamiento existente y de acuerdo con los organismos multilaterales de crédito, frenó el ritmo de inversión de los mega-proyectos del sector eléctrico. El frenazo al Guavio y a otras inversiones nos ha colocado, cinco años más tarde, en un racionamiento con altos costos sociales y políticos.

La planeación del sector eléctrico, que en una época había sido considerada como la mejor del país, ha entrado en una nueva crisis. Los errores del pasado unidos a una gestión deficiente, han sido tan grandes que nos han llevado a esta situación. La larga gestación de los proyectos hidráulicos ha sido una de las causas estructurales del ciclo de los proyectos. El análisis elemental del conocido modelo de la telaraña ha enseñado a los estudiantes de primer año de economía, que entre mayor sea el rezago entre la decisión y la ejecución, mayor es la inestabilidad.


Esta clara enseñanza de la teoría económica es olvidada por los diseñadores, quienes muchas veces seleccionan el proyecto con el criterio equivocado. En varias ocasiones he oído defender, equivocadamente, un proyecto por sus bajos costos de inversión por unidad de potencia.  El criterio correcto es escoger el proyecto con base en un criterio de minimización del costo por kilovatio-hora producido. En estos momentos, en que nuestros embalses están agotados, no es un consuelo saber que tenemos capacidad de generación en exceso, si nos falta el agua, o sea la materia prima para la generación hidráulica.