martes, 23 de junio de 1992

Unos se desocupan y otros se llenan

Ante el inminente llenado del embalse monetario para contener el flujo de divisas, es hora de comenzar a pensar en la forma en que se debe manejar el crecimiento de los medios de pago.

Con la entrada del verano ha comenzado a disminuir el nivel de los embalses. Los periódicos, al lado de las cotizaciones de la bolsa, han venido presentando el estado de los embalses. El ciudadano ya sabe cuánto sube el dólar, cuánto sube o baja el Dow-Jones y como suben o bajan los niveles de los embalses.

Mientras se desocupan los embalses del sistema eléctrico se ha comenzado a llenar peligrosamente el embalse que inauguró la Junta Directiva del Banco de la República el año pasado. En efecto, en octubre del año pasado, con el fin de contrarrestar el chorro de divisas que estaba llegando a Colombia, la Junta amplió el plazo de vencimiento de los certificados de cambio de 3 a 12 meses. Al ampliar el plazo, la Junta del Emisor efectivamente multiplicó por cuatro la capacidad de congelar el superávit externo por medio de este instrumento de control monetario.

Como bien dice el refrán, no hay plazo que no se cumpla y ya está llegando el momento en que se acabe el impacto de contracción monetario. Al completarse un año de la ampliación del plazo de redención de los certificados, se comenzarán a redimir los certificados emitidos en octubre del año pasado. Los certificados que se emitan a partir de octubre ya no van a representar una congelación adicional de liquidez sino que van a reemplazar a los que van siendo redimidos.

Ante el inminente llenado del embalse monetario para contener el flujo de divisas, es hora de comenzar a pensar en la forma en que se debe manejar el crecimiento de los medios de pago. La solución de volver a ampliar el plazo de los certificados no parece una posibilidad viable. El gobierno debe a toda costa mantener la poca credibilidad que le queda y no puede estar cambiando continuamente las reglas de juego de la economía.

Frente a la pérdida de potencia del instrumento de certificados de cambio es conveniente revaluar su conveniencia misma. Es necesario entonces volver a hacer un análisis costo-beneficio de este instrumento. El beneficio, medido por su efectividad como instrumento de control monetario va a ser cada vez menor. Como ya se dijo, los beneficios del instrumento van a desaparecer en buena parte en octubre cuando se comiencen a redimir los certificados emitidos con plazo de un año. Los costos del instrumento para el fisco parecen ser mínimos, pues ni el fisco ni el Banco de la República tienen que pagar intereses por el préstamo que obtienen de los exportadores.

Sien embargo, los costos reales de utilizar el certificado de cambio como instrumento de control monetario son cada vez más altos. El Banco de la República, de hecho, está concediendo un subsidio importante a los exportadores pues redime los certificados de cambio a la tasa oficial que es considerablemente superior a la tasa de cambio del mercado. Como muy bien lo han sostenido miembros de la Junta del Banco de la República, la cotización oficial está desapareciendo. Para lo único que se utiliza hoy en día la tasa oficial es para liquidar el valor de los certificados de cambio.

La introducción de los certificados no solo ha venido acompañada de una revaluación sino que también ha dado lugar a un sistema de cambios múltiples. Las distorsiones en el mercado cambiario introducidas por este instrumento indudablemente van en contravía de la apertura. Los analistas extranjeros no logran entender como en un proceso de apertura comercial y cambiaria se apela a un  instrumento con tantos efectos nocivos para el manejo del sector externo.

Teniendo en cuenta que los costos de los certificados van a ser muy superiores a los beneficios es necesario comenzar a pensar en instrumentos más neutrales y que estén más de acuerdo con el proceso de apertura.

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