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viernes, 13 de junio de 1997

La teoría económica y las instituciones

Los más prestigiosos economistas teóricos no se han preocupado por el análisis de las instituciones. La admiración mostrada por los economistas por el funcionamiento del mercado ha dirigido los esfuerzos a su estudio. En épocas recientes se ha despertado un interés por el estudio de las instituciones que se ha visto recompensado cuando la Academia de Ciencias Suecas ha elegido al premio Nobel de Economía. El trabajo de Herbert Simon, Ronald Coase y Douglass North ha sido premiado con tan importante reconocimiento.

La caída del muro de Berlín con la consecuente crisis del sistema comunista puso de presente la importancia de las instituciones. El fracaso del sistema comunista no solo puso de presente la superioridad del mercado como mecanismo de asignación de recursos sino que también demostró la importancia de crear instituciones que permitieran que el mercado funcionará de manera eficiente. La creación de mercados de valores, un sistema judicial que permitiera el cumplimiento de los contratos que habían sido el fruto de largos períodos de cambios incrementales debieron ser reconstruidos para soportar el nuevo modelo económico.

El nuevo enfoque institucional basado en buena parte en un trabajo pionero de Ronald Coase de 1937 y expresado en el libro de North Instituciones, cambio institucional y desempeño económico ha fascinado a muchos reformadores que lo han convertido en fuente de inspiración para sus esfuerzos de transformar la sociedad. La teoría surge de forma natural cuando se introduce el concepto de los costos de transacción. En una sociedad donde existen los costos de transacción el mercado no asigna de manera óptima los recursos de la sociedad sino que requiere de instituciones públicas y privadas para lograr su cometido.

Las instituciones formales e informales aparecen como una solución a los problemas de la información imperfecta y a la racionalidad limitada de los agentes económicos. La cultura ciudadana y otros esfuerzos educativos así como los cambios en los ordenamientos legales se convierten en instrumentos importantes para mejorar la asignación de recursos. Las propuestas de la actual administración distrital se entienden mejor cuando se miran a la luz del libro de North.

El análisis de la existencia misma de las instituciones viene acompañado de una explicación de cuales son las razones del cambio. El Profesor North ilustra su tratamiento con variados ejemplos históricos combinando de una manera encantadora la creación de teoría con el análisis histórico. North al igual que Krugman destaca la importancia de los rendimientos crecientes para determinar el resultado final. En este mundo de rendimientos crecientes se pueden obtener resultados inferiores a los esperados. El caso del teclado actual llamado por algunos QWERTY sirve para ilustrar el triunfo de un diseño inferior que gracias a haber comenzado de primero se impuso sobre otros más eficientes.

North ilustra el impacto negativo de las malas instituciones en el desarrollo económico con unas interesantes comparaciones entre España y Gran Bretaña en el Siglo XVI. Las deficientes instituciones españolas aparecen como una de las principales razones para el ocaso de un gran imperio. El desarrollo de instituciones en donde imperó la disciplina fiscal y florecieron los derechos de propiedad que permitieron un desarrollo del mercado de capitales aparecen como una de las principales causas del surgimiento de un nuevo imperio en Inglaterra.

La lectura de tan interesante libro en su versión española nos deja una importante lección sobre la importancia de las instituciones. La cultura americana con su énfasis en la calidad de los productos editoriales es indudablemente una gran ventaja sobre nuestra cultura en la que una obra tan importante es literalmente masacrada por un traductor que muestra una total ignorancia del idioma y de la economía. La traducción del libro de North se convierte en una fuente inagotable de frases para ilustrar el mal manejo del lenguaje económico.


martes, 19 de octubre de 1993

El año de los cliometristas

La academia sueca ha reconocido la monumental labor de dos historiadores económicos norteamericanos.

La Academia sueca distinguió con el Premio Nobel a dos destacados economistas americanos. Douglass North y William Fogel ganaron el codiciado galardón por sus importantes trabajos en el campo de la historia económica. Los trabajos de los dos profesores americanos se ha distinguido por la utilización de los métodos matemáticos y estadísticos en el estudio de la historia.

La nueva historia económica cuyos representantes más importantes son los ilustres ganadores del Nobel 1993 ha sido objeto de notables controversias. Aunque muchos historiadores económicos se han mostrado bastante escépticos sobre la utilidad de los métodos matemáticos en la historia, hoy en día la importancia de estas técnicas ha sido reconocida universalmente.

El debate sobre la relevancia de utilizar las técnicas matemáticas y estadísticas también se dió en nuestro país. En efecto, los historiadores económicos tradicionales tuvieron un fuerte debate a finales de los setenta con William McGrevey, tal vez el más caracterizado exponente de la utilización de las técnicas cuantitativas al caso colombiano.

Los debates entre los partidarios y opositores de la nueva historia económica, fuera de tener importantes aspectos metodológicos muchas veces tuvieron también una clara connotación ideológica. Para muchos los hallazgos de los cliometristas resultaron bastante reaccionarios en parte porque aportaban nuevos elementos de juicio sobre problemas que se habían decidido más con el corazón que con el cerebro.

El trabajo del Profesor Fogel, Tiempo en la Cruz o el análisis económico de la esclavitud negra de los Estados Unidos, escrito con Stanley L. Engerman, es un ejemplo de lo anterior. Hasta antes de Fogel, se suponía que la institución de la esclavitud había desaparecido porque ya no era eficiente y no cumplía con su función económica. Los descubrimientos de Fogel fueron sorprendentes. En su libro el Profesor Fogel muestra diez de las principales correcciones sobre la caracterización de la economía esclava de los Estados Unidos.

Para ilustración de nuestros lectores y como una muestra de los temas tratados reproduciremos las primeras cinco. La primera corrección mencionada en el libro de Fogel y Engerman no que no debería sorprender a ningún economista es que la esclavitud no era un sistema sostenido irracionalmente por los dueños de las plantaciones que dejaban de percibir a sus mejores intereses económicos. La segunda corrección señalaba que el sistema esclavista no se encontraba moribundo al comenzar la guerra civil americana. En tercer lugar se mostraba que los dueños de los esclavos no estaban preocupados por el futuro de su sistema en la década que precedió a la guerra civil. La cuarta corrección que se destaca en el libro es que la agricultura esclavista no era menos eficiente que la agricultura que utilizaba trabajadores no esclavos. En quinto lugar se muestra que el esclavo típico no era perezoso, inepto ni improductivo. En promedio era más camellador y eficiente que su contraparte de color blanco.


Al revisar nuevamente el libro de Fogel y Engerman no puede uno menos de maravillarse ante el trabajo monumental de los nuevos historiadores económicos. Ojalá esta distinción inspire a los economistas colombianos a escudriñar nuestro pasado.