sábado, 3 de noviembre de 1990

Constituyente y burocracia

El contacto con la realidad burocrática es que simplemente la administración colombiana es mala, en parte, porque no cuenta con sistemas administrativos eficaces.

El contacto de la gente con el sector público es a veces muy traumático. Por lo general se siente uno impotente ante e incapaz de mover las agencias del Estado. Los reclamos ante el ISS por cobros excesivos parecen no solucionarse nunca. Los huecos permanecen destapados por períodos largos. El nombre y la dirección en los recibos de los teléfonos, continuan saliendo a nombre del antiguo propietario a pesar de haber realizado todos los trámites requeridos.

Dentro de esta serie de inconvenientes hay momentos en que uno se reconcilia con la burocracia, al fin sale el arreglo en la facturación del ISS sin tener que haber acudido a los colegas que están bien colocados. El hueco que se atravesaba todos los días en nuestro camino a la oficina, aparece tapado gracias a la campaña de un noticiero de la televisión y volvemos a hacer las vueltas en los teléfonos con la esperanza que algún día, al fin, el teléfono aparezca a nuestro nombre.

Cualquier ciudadano pensaría que esto se debe a que al fin se nombró a un buen gerente y que ahora las cosas si se van a arreglar. Sin embargo, cuando se compara con los logros en otros países donde la burocracia realmente funciona, sin tener genios que manejen las empresas, la pregunta que surge es qué se requiere para que esto suceda. En estos días se podría pensar que lo que nos diferencia de los otros países es que donde las cosas funcionan mejor es por que tienen una constitución mejor. Y que el camino a una mejor administración pública es la constituyente.

El contacto con la realidad burocrática es que simplemente la administración colombiana es mala, en parte, porque no cuenta con sistemas administrativos eficaces. Toda la administración esta concebida para que sea manejada por genios incorruptibles. El Estado interviene en demasiadas cosas, los funcionarios públicos tienen poderes discrecionales muy grandes y además no cuentan con los sistemas administrativos que los soporten. En otras partes, la administración pública está concebida para que la manejen gentes normales con una capacidad normal, tienen sistemas establecidos y hacen una efectivo control de gestión. En Colombia, por el contrario, los sistemas administrativos de la mayoría de los Institutos y Empresas del Estado dejan mucho que desear y por lo tanto los buenos resultados dependen de que en un puesto se pueda contar con un genio motivado y honesto.

Infortunadamente, cuando aparece este genio y logra mejorar la eficiencia de las empresas, comienza a sufrir la persecución de los que se benefician de la marcha del Estado.  Los ataques de los políticos y de los funcionarios incapaces, hacen que muy pronto el funcionario tenga que dedicar más tiempo a defenderse que a realizar su labor. Si esto no fuera suficiente, muy pronto se da cuenta que por la errónea creencia que los funcionario públicos tienen que ganar sueldos inferiores a los 1000 dólares mensuales, su sueldo no le está rindiendo ni para atender sus necesidades básicas.


El "Nuevo Estado" que va a surgir de la constituyente debe basarse en una mejor infraestructura administrativa. Debe buscarse la asesoría de personas y entidades que permitan diseñar y poner en práctica sistemas mejores y debe basarse en remuneraciones adecuadas. Además, es necesario limitar la excesiva injerencia de la clase política en la administración de las empresas públicas. 

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