lunes, 16 de septiembre de 1991

Política monetaria modelo 1991



La nueva Junta Directiva del Banco de la República ha mostrado interés de comenzar a rectificar las decisiones poco acertadas de la administración gubernamental.

La constitución del 91 asignó a la Junta Directiva del Banco de la República la responsabilidad de la política monetaria, cambiaria y crediticia. En días pasados ha comenzado a tomar importantes decisiones en este campo. El desmonte del encaje marginal del cien por ciento ha sido un buen comienzo de sus labores. La junta ha mostrado un deseo de acertar y sobre todo de comenzar a rectificar las decisiones poco acertadas de la administración.

Esperamos que la Junta continúe por este sendero y desmonte otras medidas infortunadas que si bien han sido útiles en el corto plazo son totalmente contraproducentes en el largo plazo. Obviamente, no todas tienen una solución tan sencilla como la del desmonte del encaje marginal.

El desmonte de los certificados de cambio, es sin lugar a dudas una de las más complejas. En parte, porque no sólo es una revaluación disfrazada, sino que también es una medida de ahorro forzoso de una gran magnitud. El poder convertir este ahorro forzoso en ahorro voluntario o canalizarlo al sector financiero es bastante difícil.

El nivel de las tasas de interés es otro de los grandes problemas que tiene que enfrentar el Banco de la República. Sería muy triste que se aceptara la tesis de los que están recomendando una intervención directa en las tasas de interés. Los que vemos a los directores como los defensores de una sana ortodoxia monetaria nos sentiríamos frustrados con una medida de este tipo.

La reapertura del crédito indudablemente será muy útil para eliminar cierta presión sobre las tasas de interés. La disminución de las expectativas de inflación serán también una de las principales fuentes de disminución del nivel de tasas de interés.

Evidentemente, el principal conflicto de la política monetaria en esta encrucijada, será entre el control de los medios de pago y el nivel de las tasas de interés. Las autoridades monetarias deberán mirar con detenimiento tanto el crecimiento de los medios de pago como el nivel de las tasas de interés pueden llegar a la conclusión de que la política es muy estricta, pero si miran el crecimiento del dinero se pueden dar cuenta que existe demasiada liquidez en la economía.

En estas circunstancias muchos están aconsejando un tratamiento "pragmático" es decir tratar de llegar a un compromiso entre los dos objetivos. Esto puede ser un error. Es importante frenar la entrada de capitales eliminando sus causas; la primera de las causas es la expectativa de revaluación, y la segunda es el diferencial entre la tasa de  interés de paridad (interés internacional más la tasa esperada de devaluación) y la tasa de interés nacional. Sería un gran error tratar de aumentar la tasa de interés de paridad mediante un aumento en la tasa de devaluación. Mientras no se dé el ajuste fiscal, el aumento en el ritmo de devaluación se puede traducir en un aumento en la inflación.

Lo recomendado en estos momentos, es escoger, como objetivo de la política monetaria el mantenimiento de la tasa de interés doméstico al nivel de la tasa de interés de paridad. La recomendación friedmaniaca de mantener una tasa de crecimiento estable en la cantidad de dinero, no es recomendable en circunstancias, en que existen serios desequilibrios en la tasa de interés.

Otra de las enseñanzas que nos ha dejado el experimento de 1991 es que la autoridad monetaria ha perdido el control de la oferta monetaria. Como dicen algunos economistas, la oferta monetaria se volvió endógena y por lo tanto ha escapado al control de la autoridad monetaria. El crédito doméstico y la tasa de interés, se convierten en estas circunstancias, en los objetivos de la política monetaria. Para que podamos hacerle caso a Friedman en cuanto a mantener una tasa de cambio flexible, en el que el precio de la divisa se determine libremente sin ninguna intervención del Banco de la República.

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