lunes, 11 de marzo de 1996

Los costos ocultos de la crisis

La angustia de los agentes económicos es cada día más grande y la incertidumbre comienza a tener efectos mucho más graves que la misma descertificación

El tema del momento es el costo económico de la descertificación. Los empresarios en su angustia y después de haber intentado, inútilmente, influir en una decisión favorable de los Estados Unidos se aprestan para lo más grave y están dispuestos hasta hacer un paro con el fin de buscar una rápida solución a la crisis de gobernabilidad del país. Los funcionarios del equipo económico y el Ministro de Justicia tratan de convencer al país de que después de todo los costos económicos no van a ser muy grandes. Los analistas económicos, con ayuda de poderosos modelos y del olfato de los que manejan estos modelos llegan a estimativos del posible impacto de la medida tomada por el Presidente Clinton.

La polarización causada por la crisis política se refleja en el debate económico. La mayoría del país comienza a desconfiar del Ministro de Hacienda por sus continuos cambios de opinión y por dedicarse en estos tiempos de crisis a sostener una controversia en los medios de comunicación con su ilustre antecesor. En medio de la crisis, en ocasiones aparece el Consejero Antonio Hernández que trata de explicar de una manera clara y objetiva el impacto de la medida y expone las acciones que se pueden tomar para contrarrestar el efecto negativo de la descertificación.

La angustia de los agentes económicos es cada día más grande y la incertidumbre comienza a tener efectos mucho más graves que la misma descertificación. Un país que vive preocupado por la tremenda crisis política no puede pensar en el futuro. La expansión de las empresas pasa a un segundo plano cuando es necesario pensar en la forma como se debe uno proteger del coletazo que va traer la descertificación. En estas circunstancias es más importante comenzar a especular contra el dólar que hacer inversiones productivas y crear empresas. El desvío de energías hacia la especulación financiera, unido a la discusión diaria sobre los últimos acontecimientos políticos deja muy poco tiempo para pensar en el futuro de la economía.  Los más destacados ejecutivos y los mejores académicos se dedican a comentar las últimas ocurrencias del Doctor Mogollón.

El costo del tiempo y energía de los mejores colombianos que podrían estar trabajando para el progreso del país es una carga pesada para la economía colombiana. El mal uso de los recursos del Estado dedicados a premiar a los defensores del régimen es un despilfarro que no se puede permitir un país pobre. La repartición de los programas de la cadena 3, hoy llamada con mucha pompa Señal Colombia es un ejemplo del despilfarro de los recursos captados con la reforma tributaria.

La apropiación de las empresas del Estado por parte de los sindicatos es una manera triste de entregar los recursos públicos a intereses particulares. La intervención descarada del Ministro de Trabajo en las convenciones colectivas a favor de los trabajadores, sin importarle el costo para el Estado no solo es un retroceso tremendo en el manejo de las relaciones laborales, sino que es la mejor manera de atizar la inflación.

El oscuro panorama económico es el reflejo de una situación económica totalmente descuadernada. Los técnicos del gobierno han perdido el control de la economía y ahora es manejada con el único propósito de defender al régimen. Los economistas del gobierno que no pueden decir con los militares que sirven al país y no al Presidente deben estar muy preocupados porque muy pronto les va a tocar pensar en su retiro. Considero a algunos destacados economistas que en este momento deben estar pensando seriamente que es bueno acompañar a sus amigos hasta el cementerio pero que no es recomendable enterrarse con ellos.


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