martes, 21 de mayo de 1996

La Privatización de los Teléfonos en Bogotá

Un debate en el que deberían predominar las consideraciones técnicas sobre la conveniencia de las diferentes alternativas se ha transformado por falta de elementos de juicio serios en una discusión de carácter ideológico.

Las Empresas Públicas de Bogotá son, sin lugar a dudas, el patrimonio más preciado de los bogotanos.  Los activos de las tres empresas son superiores al de los principales pos económicos colombianos. El ahorro de varias generaciones de bogotanos está representado en las instalaciones productivas de las tres grandes empresas bogotanas.  El buen manejo de las tres empresas de servicios públicos es la condición necesaria para poder alcanzar un buen nivel de vida en la capital del país.  Por tanto, cualquier decisión relacionada con una de estas tres empresas debe ser objeto de un amplio debate.

Que las empresas de servicios públicos de Bogotá están pasando por un periodo critico y que su manejo deja mucho que desear es una realidad que se vive día a día.  El esfuerzo pecuniario de los bogotanos para sostener una administración totalmente ineficiente es cada día mayor.  El aumento continuado de las cargas unido a un deterioro en la calidad de los servicios nos ha llevado a la deplorable situación de tener que pagar los impuestos de Nueva York y padecer una calidad de vida inferior a la de Somondoco.

Para lograr salir de esta encrucijada la Administración Distrital ha propuesto una salida fácil.  Privatizar la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá.  Con esta jugada genial se pretende matar dos pájaros de un solo tiro.  Por una parte, se busca mejorar la eficiencia en la prestación del servicio telefónico y por otra se intenta aumentar los recursos para financiar el plan de desarrollo de la actual Administración.

La falta de un diagnóstico claro sobre la Empresa de Telecomunicaciones, así como su abandono por parte de la Administración Mockus durante este año y medio ha Llevado a la conclusión simplista de que la única solución para la Empresa es su privatización.  Las dificultades financieras generadas por un esquema absurdo de tarifas se ignoran achacándole los problemas a su condición de establecimiento público del orden Distrital.  La posibilidad de mejorar su eficiencia mediante la transformación en empresa industrial y comercial del distrito ya ni se discute, tal vez, debido a la gravedad de la situación actual de la ETB.

Un debate en el que deberían predominar las consideraciones técnicas sobre la conveniencia de las diferentes alternativas se ha transformado por falta de elementos de juicio serios en una discusión de carácter ideológico.  Los partidarios de la privatización han tenido que apelar a argumentos débiles para sostener su posición.  Sostener que posponer la decisión llevaría a una pérdida de valor de la Empresa no es más que pensar con el deseo.

Si bien el aumento de la competencia ha debilitado la posición monopólica de la ETB, las ventajas derivadas de la misma naturaleza del negocio todavía son formidables.  A nadie que conozca el negocio de las comunicaciones le puede cabe la menor duda de que es mejor comprar la ETB que comenzar de nuevo.

Más aún, no es muy claro que el valor de la ETB haya disminuido con el tiempo como lo aseguran algunos de los grandes privatizadores.  Si bien a la ETB le han salido rivales y por lo tanto ya no puede considerarse como la dueña de todo el mercado, es muy probable que con el avance de las telecomunicaciones y la aparición de nuevos servicios el valor de la empresa haya subido en la medida en que el aumento los ingresos correspondiente a los nuevos servicios compense la disminución de los ingresos debidos al aumento de la competencia.

Por otra parte, la presencia de los operadores de la telefonía celular puede hacer que el Distrito logre un mayor valor por sus activos.  Si la ETB se hubiera vendido hace algunos años el interés de los grandes grupos económicos hubiera sido menor pues el riesgo de entrar a un nuevo negocio hubiera sido considerable.  Hoy en día, gracias a la experiencia que han ganado con la telefonía celular los grupos económicos cuentan con especialistas en el área de las telecomunicaciones que les permitirán obtener óptimos resultados en sus inversiones en este dinámico sector.

La conclusión de lo anterior es muy sencilla.  El debate sobre la suerte de las Empresas Públicas tiene que darse con suficientes elementos de juicio y no puede convertirse en una discusión de carácter ideológico. La Administración Distrital debe contratar estudios serios que le permitan tomar la mejor decisión sobre lo que se debe hacer con las tres grandes empresas de servicios públicos.



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