lunes, 18 de abril de 1994

Los diamantes pueden ser nocivos

El principio de la ventaja absoluta ha conducido a errores fundamentales de política económica en especial al excesivo proteccionismo.

El Profesor Michael Porter de la Escuela de Administración de Negocios de la Universidad de Harvard es uno de los consultores mejor pagados. La firma Monitor a la cual está vinculado tan destacado académico ha realizado recientemente un estudio sobre nuestro país que ha sido objeto de algunos comentarios y que sin lugar a dudas servirá para centrar el debate sobre el tema de la competitividad de la industria colombiana durante los próximos años.

Los análisis realizados por la firma consultora toman como base conceptual el libro del Profesor Porter titulado "La ventaja comparativa de las naciones" publicado originalmente por la editorial Macmillan y traducido al español por Javier Vergara Editor de la Argentina. Para focalizar la atención del lector el Profesor Porter ha acudido a un diagrama en forma de diamante en el que presenta cuatro atributos que determinan la ventaja comparativa de las naciones. Las cuatro variables elegidas por Porter son: las condiciones de los factores; las condiciones de la demanda; los sectores afines y de apoyo; y la estrategia, estructura y rivalidad de las empresas.

El éxito de este sencillo diagrama es incuestionable. Los hombres de acción encuentran muy atractivo poder resumir todo el trabajo desarrollado en más de mil páginas en algo tan sencillo y fácil de recordar. Conceptos tan abstractos como el de la ventaja comparativa, la relativa escasez de los factores de producción, los encadenamientos hacia atrás y hacia adelante y el efecto de la tasa de cambio en la competitividad no se necesitan para poder entender la razón por la cual algunos sectores industriales de un país pueden alcanzar el éxito a nivel mundial.

Al reconocer que no hay nada "más exitoso que el éxito" los consultores colombianos saltan al vagón de la ventaja competitiva de las naciones y se convierten muy rápidamente en los divulgadores del nuevo evangelio. No se paran a pensar si realmente se debe volver a pensar en términos de ventaja absoluta y si se ha abolido la teoría de la ventaja comparativa, en buena hora difundida por David Ricardo.

Este retroceso en el enfoque sobre el comercio internacional no deja de ser preocupante para el economista teórico que ha gastado enormes esfuerzos para hacer entender a sus alumnos que un país que es menos eficiente que otro en todos los sectores puede beneficiarse del intercambio comercial con otro país que es más productivo en todas las actividades.

La negación del principio de la ventaja comparativa y el redescubrimiento de las ventajas absolutas ahora bautizadas como ventajas competitivas no solo reducen el campo de aplicación de esta nueva teoría a unos pocos sectores de unos pocos países sino que conducen a políticas económicas equivocadas. El principio de la ventaja absoluta ha conducido a errores fundamentales de política económica en especial al excesivo proteccionismo. La experiencia ha mostrado que es muy fácil argumentar que la protección a las industrias locales es la mejor política cuando el comercio internacional está orientado por el principio de la ventaja absoluta.

El esquema en forma de diamante popularizado por Porter, mal interpretado, puede llevar a conclusiones equivocadas en el campo cambiario. El efecto de la tasa de cambio en el comportamiento de las exportaciones de un país es ignorado a lo largo del tratado del Profesor Porter. Para los discípulos de Porter, las políticas macroeconómicas no tienen efecto alguno sobre la competitividad de las industrias. La tasa de cambio real, las políticas fiscal y monetaria son totalmente ignoradas a lo largo del trabajo de Porter. Esto lleva a afirmar a algunos fanáticos que las naciones no son las que compiten sino los que compiten son las firmas.


La simplificación y mala interpretación de trabajos serios como el de Porter puede conducir a errores de política. El gran peligro en utilizar los esquemas en forma de diamante sin analizar cuidadosamente las restricciones que llevan estos esquemas simplificados puede conducir a la formulación de políticas equivocadas. 

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