sábado, 15 de septiembre de 2018

En Colombia, ser pilo pagaba


La semana pasada, el 5 de septiembre de 2018, durante el estudio del Presupuesto 2019 en las comisiones económicas de Senado y Cámara, María Victoria Angulo, ministra de Educación del recién posesionado presidente Iván Duque Marquéz, anunció[1] el fin del programa “Ser Pilo Paga”, pues se encuentra desfinanciado en 2 billones de pesos.

Ser Pilo Paga se inició en 2014, siendo Gina Parody d'Echeona Ministra de Educación. Buscaba que 40.000 estudiantes de bajos recursos, pero con muy buenos puntajes en las pruebas Saber, accedieran a una carrera profesional en una de las 33 instituciones de educación superior colombianas con Acreditación Institucional de Alta Calidad.

Los beneficiarios de este programa recibían un crédito-beca que cubría el 100% del valor de la matrícula además de un subsidio de sostenimiento para garantizar que pudieran solventar sus gastos de estudio y vivienda pues en muchos casos los estudiantes no eran originarios de la ciudad donde iban a estudiar. Este crédito sería condonable una vez el estudiante obtuviera su título profesional[2].

Como una contribución al debate quiero hacer algunas reflexiones. Una manera de evaluar este programa es considerar el punto de vista de T. W. Schultz premio Nobel de economía de 1979, y Gary Becker , premio Nobel de economía de 1992, quienes afirman que la educación es una inversión en capital humano y que como tal es susceptible de evaluarse en un enfoque beneficio costo. Es decir, Ser Pilo Paga se justifica si el valor presente de los beneficios supera el valor presente de los costos.

Cuando se acepta que el grueso de los beneficios para la sociedad se refleja en un aumento en la productividad y que ésta se refleja en los ingresos laborales, el beneficio neto depende en buena parte del comportamiento del mercado laboral. Cuando hay una gran demanda de trabajo y la oferta de personal calificado es escasa la rentabilidad de un programa de becas es muy alta y por el contrario si hay poca demanda y mucha oferta la rentabilidad es muy baja.

Como un ejemplo de programa exitoso quiero mencionar a Colombia de los años de mediados del siglo XX. 

En 1952 entré a estudiar el bachillerato en el colegio San Bartolomé de la Merced regentado por los jesuitas. Esta institución educativa tenía unas matrículas muy razonables en parte por que los profesores, la gran mayoría jesuitas, recibía un remuneración inferior a su costo de oportunidad. La comunidad jesuita subsidiaba considerablemente este aspecto clave de la vida colombiana. 

En esa época el colegio fomentaba una sana competencia en el estudio y en los deportes. En las sesiones solemnes de final de año se entregaban medallas a los que sacaban las mejores notas en cada una de las materias. Además, se mencionaban a los que ocupaban los segundos y terceros puestos. El mensaje era claro. Ser pilo pagaba!

Los que se destacaban en el colegio, por lo general tenían una alta probabilidad de entrar a la Universidad Nacional a estudiar la carrera de su preferencia. Mi promoción (1957) tuvo la fortuna de contar con excelentes profesores en el campo de las matemáticas, química y física que nos permitió a más de diez compañeros entrar a estudiar la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Nacional. El haberse esforzado en el colegio pagó para los que logramos entrar a las mejores universidades de ese entonces.

En esa época, lograr mantenerse y destacarse entre los mejores en la Universidad Nacional traía unos beneficios importantes pues se podía reducir considerablemente el valor de la matrícula. Pero además abría las puertas para trabajar como monitor y en algunos casos especiales como instructor. Esto permitía a un grupo de estudiante pilos tener ingresos adicionales para mejorar el nivel de vida sin haber recibido el diploma de grado. Evidentemente ser pilo en la facultad de ingeniería también pagaba.

Si esto fuera poco, ser un buen estudiante de ingeniería de la Universidad Nacional abría las puertas de las mejores universidades del mundo para continuar la preparación académica. De la promoción de 1963, tres estuvieron en el MIT, tres fuimos a Berkeley, dos fueron a la Universidad de Illinois en Urbana y otros estuvieron en Alemania y Francia.

Pero más importante que poder estudiar becado la carrera, las ventajas que le otorgaba el haber sido pilo en el colegio y la universidad se veían cuándo se obtenía el título académico. Los egresados de la facultad de ingeniería civil eran reclutados por las mejores organizaciones del país. Me acuerdo de que antes de terminar mi carrera la firma Samel Ingenieros le solicitó a la facultad la lista de los cinco mejores promedios para vincularlos a la compañía. Afortunadamente, fui seleccionado y tuve asegurado mi primer trabajo como profesional meses antes de mi grado.

Mi generación fue muy afortunada pues haber logrado un título de educación superior fue recompensando con un mercado laboral muy favorable. El Ministerio de Obras, el Instituto de Reforma Agraria (Incora), el Instituto de Fomento Municipal (Insfopal) y más tarde el sector eléctrico dieron trabajo directamente o a través de firmas de consultoría a las nuevas generaciones de ingenieros.

El gobierno de Carlos Lleras Restrepo abrió las puertas a quienes habían regresado con un posgrado en el exterior. El Departamento Nacional de Planeación, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, entre otros, ofrecieron condiciones muy atractivas para vincularse al gobierno.

En este entorno de rápido crecimiento de la educación superior se generó una gran demanda de docentes que ayudó a crear puestos de trabajo para mis compañeros de promoción. Algunos de mis compañeros se vincularon a la Universidad Nacional, incluso uno  llegó a ser rector de esta universidad durante la presidencia de Julio Cesar Turbay Ayala.

A finales de los sesenta y principios de los setenta, el auge de los computadores electrónicos atrajo  a profesionales egresados de universidades de primera línea al novedoso campo de sistemas. Campo con alta demanda que se veía recompensado con altos salarios.

Con el paso del tiempo ingenieros civiles de la Universidad Nacional cambiaron a otras ramas de la Ingeniería como la mecánica y la eléctrica. También a otras disciplinas como las matemáticas, la física y la economía. Y yo no fui ajeno a este fenómeno pues desde que obtuve mi doctorado en economía en 1981 me he dedicado a esta ciencia social.

Reitero, mi generación fue MUY afortunada pues no tuvo que padecer las angustias del desempleo. Por ejemplo, un amigo economista con el que hablé recientemente me dijo que en su caso, el mayor período sin trabajo fue de quince días cuando salió de la Junta Monetaria.

En resumen uno podría decir que en Colombia ser pilo pagó cuando se dio simultáneamente una educación de bajo costo con unos beneficios altos debido a un mercado laboral muy favorable para una minoría privilegiada de pilos.

Hoy en día, no este no es el caso. En primer lugar, el mercado laboral al que se van enfrentar las nuevas generaciones de pilos es muy poco atractivo debido a los bajo salarios y al alto desempleo en la población joven. En segundo lugar, el costo para el Estado es muy alto, pues el programa contempla una serie de pagos que no reflejan los costos incurridos por la sociedad para educar a los pilos.

Las universidades están en la capacidad de recibir un número limitado de estudiantes sin cobrarles el costo total de la matrícula pues por una parte el costo adicional de recibir a un pilo es muy bajo; tener clases de veintiséis personas es casi el mismo del curso de veinticinco estudiantes. Pero además, un buen estudiante genera externalidades positivas para el resto de la clase. Es bien sabido que los estudiantes no solo aprenden de los profesores sino que muchas veces lo hacen de sus propios compañeros.

También es necesario poner de presente que en una buena evaluación beneficio costo no se deben incluir los gastos de manutención pues estos se incurren de la misma manera si una persona está estudiando o trabajando.

Un caso muy interesante de un programa de becas fue el iniciado por Carlos Rodado cuando fue rector de la Escuela Colombiana de Ingeniería en 2001. El rector Rodado preocupado por la poca demanda de algunas carreras como la de Economía y la de Ingeniería Eléctrica propuso la creación de un programa de becas similar a ser pilo paga para atraer talento a estas carreras.

La premisa de ese programa era sencilla. Como el costo marginal de tener un estudiante talentoso en un aula era casi cero, las directivas de la Universidad habían tomado la decisión racional de no cobrarle la matricula a los pilos. Eso sí, el pilo debía mantener un promedio académico elevado para garantizar este beneficio durante toda la carrera.  El beneficio para la Universidad era las externalidades positivas que los buenos estudiantes le traían a sus compañeros. En muchos casos estos estudiantes se volvían monitores y vi muchas veces como ellos le eran más útiles a sus compañeros que el mismo profesor.

Las anteriores reflexiones nos permiten presentar algunas sugerencias para una reformulación del programa del gobierno Santos donde se buscó apoyar a los estudiantes de bajos ingreso. Primero, las universidades deben entender que aún más escaso que el dinero es el talento humano y que deben hacer esfuerzos por atraer ese talento sin que importe si el estudiante y su familia tengan los recursos para costearse los estudios. Deberían adoptar políticas de apoyo a los buenos prospectos y en especial a los de bajos ingresos[3]. El ensayo hecho por el rector Rodado en la ECI es un buen ejemplo a seguir.

Segundo, la rentabilidad de la inversión en educación depende de las condiciones del mercado de trabajo. Por lo tanto es necesario lograr que los graduados de las universidades tengan la seguridad de poder encontrar un trabajo con que utilice los conocimientos adquiridos y con una buena remuneración.

Lo que hemos visto en esta entrada es que en 60 años la educación en Colombia cambió de manera considerable.

Pasamos de un sistema educativo de alta calidad y bajo costo en el bachillerato ofrecido por las comunidades religiosas a precios subsidiados, una educación superior en las universidades públicas casi gratuita y una vida laboral con pleno empleo en donde ser pilo pagaba; a un sistema con una educación cara que comienza desde el kínder hasta la educación superior con un desempleo altísimo y un subempleo aún mayor, una posible razón que las nuevas generaciones en vez de querer tener hijos prefieren invertir su tiempo y sus recursos criando una mascota.

La gran diferencia es que a mediados del siglo XX había muy poca oferta de profesionales para una gran demanda de personal capacitado. En consecuencia la rentabilidad de la inversión en la educación superior era alta. Hoy en día tenemos un exceso de oferta de personal educado y una demanda deficiente lo que se traduce en una rentabilidad baja; por eso cualquier programa que reduzca los costos de la educación superior o mejore el acceso no tendrá muchos efectos positivos si no viene acompañado de políticas que aseguren un mercado de trabajo formal de alta calidad sino estaremos aumentando la capacitación de futuros compradores ambulantes como los rappitenderos o los conductores de Uber y Cabify; el trabajo que se generó de manera masiva en el cuatrienio anterior. Por eso, la tarea que tiene el nuevo y joven presidente de Colombia para los cuatro próximos años ¡está complicada!
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[1] https://www.elheraldo.co/atlantico/gobierno-anuncia-el-fin-del-programa-ser-pilo-paga-538506
[2] https://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-346214.html
[3] En Estados Unidos hay muchas universidades que tienen políticas conocidas de need-blind admission que ofrecen un paquete de ayuda financiera que combina elementos de beca, trabajo y estudio, préstamo y apoyo familiar.

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