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lunes, 9 de diciembre de 1996

El salario mínimo: vuelve y juega

La discusión de cada diciembre sobre el salario mínimo tendría algún sentido si realmente tuviéramos unos elementos sólidos para creer que la meta de inflación tiene algo que ver con lo que pasa en el mundo real.

La discusión sobre el salario mínimo es uno de los ritos de final de año en Colombia. Este año cuando se ha comenzado a discutir desde temprano cuál va a ser el aumento del salario mínimo vuelven a surgir los mismos interrogantes de siempre. En primer lugar se preguntan si las variaciones del salario mínimo tienen impacto en las variaciones del costo de vida o si simplemente los aumentos en la inflación son la causa de las variaciones en el salario mínimo.

Este interrogante ha sido investigado por Alvaro Montenegro antiguo Director del CEDE de la Universidad de los Andes y él ha concluido utilizando técnicas estadísticas avanzadas que la razón de causalidad va más de aumentos en el costo de vida a aumentos en el salario mínimo. El Doctor Montenegro después de realizar esos estudios se ha convertido en uno de los principales defensores de un tratamiento generoso por parte del gobierno en las negociaciones del salario mínimo.

Otros investigadores no comparten el punto de vista del Doctor Montenegro y consideran que el salario mínimo tiene mucha importancia en el aumento de precios, pues es un indicador que sirve en la fijación de otros salarios y posteriormente estos aumentos en los salarios se reflejan en aumentos en los precios. El impacto del salario mínimo es marcado en bienes como la vivienda en los que hay un predominio de trabajadores que reciben el salario mínimo.

Por estos días se vuelve a discutir otra vez si el aumento del salario mínimo se debe hacer con base en la inflación del año anterior o si debe hacerse con base en la inflación esperada para el año que comienza. Estas discusiones son interminables y por lo general no hay manera de dilucidar quien tiene la razón. Si uno mira con detenimiento los elementos de esta discusión se da uno cuenta que se está discutiendo algo que no es muy importante.

En efecto, los que sostienen que se debe utilizar la inflación esperada están diciendo que el objetivo del reajuste es mantener el poder adquisitivo del salario mínimo que regía el 31 de diciembre de 1996. Por su parte los que abogan por el uso de la inflación del año anterior están buscando mantener el poder adquisitivo del salario mínimo que regía el primero de enero de 1996. A priori, es muy difícil decidir cuál de las dos fechas es la más indicada para que sirva de referencia. En sana lógica cualquiera de las dos es igualmente válida y no es muy útil discutir cuál es la más apropiada cuando cualquiera de las dos o una intermedia podría serlo.

Otro elemento de la discusión tiene que ver con la productividad. En épocas recientes se ha querido reconocer el crecimiento de la productividad como uno de los elementos que se debería tener en cuenta en el aumento del salario mínimo. Si el aumento del salario no es superior a la suma de la inflación y el crecimiento de la productividad la inflación no tiene por que crecer y por lo tanto se puede mantener la tendencia observada en el pasado. Sin embargo, esta aritmética que sirve para preservar las tendencias es a su vez el mayor obstáculo para lograr una baja en la inflación pues reproduce los desequilibrios del pasado y no permite que el aumento de la productividad se traduzca en una reducción de la inflación.

Toda esta discusión un poco esotérica, tendría algún sentido si realmente tuviéramos unos elementos sólidos para creer que la meta de inflación tiene algo que ver con lo que pasa en el mundo real. La experiencia del pasado muestra que en Colombia existe una gran diferencia entre la inflación que anuncia el gobierno al comienzo del año y lo que realmente ocurre. Nunca se ha podido lograr cumplir con las metas de inflación, probablemente, porque las autoridades económicas no viven muy preocupadas con el tema de la inflación.


Sería muy bueno, no solo para los trabajadores que devengan el mínimo, que las autoridades económicas colombianas les pusieran mucho más cuidado al cumplimiento de las metas de inflación y que recobrarán la credibilidad perdida. Mientras esto no se logre, las discusiones sobre el salario mínimo seguirán siendo bastante estériles.

lunes, 27 de septiembre de 1993

Salarios y productividad

El principio de ligar los aumentos de productividad y del costo de vida a los aumentos salariales es supremamente lógico.

Hace 31 años, los consejeros del Presidente Kennedy buscando evitar una aceleración de la inflación causada por el ejercicio del poder de los monopolios se inventaron la idea de ligar los incrementos salariales a los aumentos de productividad y los incrementos de precios a las variaciones en los costos unitarios. Estas guías definidas durante la Administración Kennedy dejaron de ser útiles a partir de 1966, cuando se comenzó a acelerar la inflación. En consecuencia, el consejo de asesores económicos del presidente Johnson cambió esas guías incorporando en ellas las expectativas un ajuste por el costo de vida.

Aunque existen dudas en cuanto a la efectividad de las políticas de ingresos y salarios seguidas en los años sesentas en los Estados Unidos, diversos gobiernos acuden a estas políticas de ingresos o salarios para evitar que las luchas con la inflación afecten negativamente a los trabajadores. Es así como el Gobierno mejicano, con el fin de conseguir su aprobación para el NAFTA, ha establecido, recientemente, una política de aumentos salariales ligados al crecimiento de la productividad.

Si bien en Colombia, periódicamente se ha hablado de políticas de concertación para la fijación de precios y salarios, solo hasta la semana pasada se ha comenzado a hablar de una política en la que el aumento salarial esté ligado al crecimiento de la productividad.   El principio de ligar los aumentos de productividad y del costo de vida a los aumentos salariales es supremamente lógico. La teoría económica nos muestra que el crecimiento del precio de los productos menos el crecimiento del precio de los insumos tiene que ser matemáticamente igual al crecimiento de la productividad total de los factores.

En teoría el cálculo del crecimiento de la productividad total de los factores es relativamente sencillo de hacer, en la práctica no lo es. En teoría, simplemente, basta restar de la tasa de crecimiento del producto la tasa de crecimiento de los factores para obtener la tasa de crecimiento de la productividad total de los factores. Sin embargo, en la práctica este cálculo es bastante complejo.

El cálculo del crecimiento del insumo laboral no se puede hacer con precisión. En lugar de tener información sobre el número de horas-persona trabajadas para cada uno de los diferentes calidades de trabajo, apenas se  cuenta con información muy inexacta sobre el total de los trabajadores. La ausencia de información detallada sobre el insumo laboral impide medir con precisión la productividad laboral. La experiencia ha mostrado que en general, el utilizar el empleo como una aproximación de insumo laboral tiende a sobre estimar el crecimiento total de los factores y puede perpetuar las presiones inflacionarias o alternativamente a aumentar el desempleo.

La medición del insumo capital es mucho más compleja que la del trabajo. En efecto, dada la ausencia de información sobre el stock de capital es necesario desarrollar procedimientos indirectos para poder calcular un verdadero valor para el acervo de capital. El analista tiene que reconstruir la historia de la inversión para poder establecer el acervo de capital de la economía. No solo debe reconstruir la historia sino que además debe calcular la eficiencia relativa de todas los equipos y estructuras para poder llegar a un estimativo de la contribución del capital a la producción.


Como lo han demostrado los trabajos de destacados investigadores de los Estados Unidos y Europa, las dificultades prácticas del cálculo del crecimiento de la productividad total de los factores se pueden superar. La propuesta del Ministro de Trabajo Luis Fernando Ramírez puede servir para que en Colombia se comiencen a hacer trabajos profundos sobre el tema de la medición de la productividad. Para ello se requiere aumentar la cantidad y calidad de las estadísticas e incentivar el estudio de tan importante tema.