lunes, 20 de febrero de 1995

En las que estamos Antonio, y te pones a comprar lefantes blancos

El sufrido usuario del ISS se encuentra ante la perspectiva de que sus nuevas cotizaciones se evaporen como se evaporaron los recursos de la Caja Nacional de Previsión de la Policía
  
La reforma de la seguridad social fue sin lugar a dudas uno de los principales logros de la Administración Gaviria. La introducción de la competencia a una rama de actividad en la que habían predominado monopolios oficiales totalmente ineficientes,, fue una de las bases sobre la que se edificó el nuevo sistema de Seguridad Social en Colombia. Las Administradoras de Fondos de Pensiones y las Empresas Promotoras de Salud, se constituyeron dentro del nuevo sistema en las entidades claves encargadas de prestar un mejor servicio al usuario.

La reforma no sólo buscó prestar un mejor servicio sino que también pretendió dotar de mayores recursos al nuevo sistema encargado de la seguridad  social de los colombianos. Como consecuencia de la reforma laboral los costos laborales se han incrementado muy por encima de las metas de inflación. Los colombianos aceptamos este aumento en los impuestos sobre la nómina con resignación, pues se nos prometió que ahora sí íbamos a poder gozar de estos derechos fundamentales, que en el pasado fueron un canto a la patria.

Los defensores del antiguo régimen, muchos de ellos con asiento en el Consejo de Ministros del Presidente Samper, lograron introducir en la reforma definitiva unas condiciones favorables para que el Instituto de Seguros Sociales pudiera retener su clientela mientras hacía los cambios necesarios para enfrentar la nueva competencia. El gradualismo que tuvo que ser desmontado para poder hacer la apertura se aceptó, en aras de poder arrancar con un mejor sistema.

La experiencia de los últimos días nos parece que la introducción del gradualismo fue un grave error que puede hacer fracasar tan importante reforma. Lo que ha estado sucediendo en la seguridad social muestra claramente que los intereses creados de algunos gremios o grupos de presión son los principales enemigos de las reformas que pretenden beneficiar al público en general. Las ventajas temporales otorgadas no sirven para que el pecador se arrepienta y viva sino más bien para tratar de preservar las conquistas alcanzadas en el antiguo régimen.

En lugar de volverse competitivo el Seguro Social sigue con los mismos vicios de antes. El prometido estado de cuenta en el que debían aparecer las cotizaciones hechas durante toda la vida no han llegado a la mayoría de los afiliados. Los que están próximos a pensionarse y los que quieren evaluar seriamente las posibilidades de pasarse  al sistema de Fondos de Pensiones y Cesantías, tienen que esperar por lo menos tres meses para poder contar con este papelito. El cambio al sistema de autoliquidación que debería haberse realizado con antelación se convierte en un viacrucis para el sufrido empleador, que tiene que perder gran parte de su tiempo consiguiendo un bendito formulario. La Administración de ISS gasta ingentes recursos en un proceso de transición olvidándose, quien lo creyera, de que para hacer las consignaciones se necesitaba contar con formularios en abundancia.

Lo triste de todo esto es que el esfuerzo hecho por el ISS con sus cursos y teleconferencias que le brindaron la oportunidad de un pantallazo a las Directivas del ISS resultó a la postre totalmente innecesario. Aquí ocurrió como en el escrito de Moliére en donde el personaje descubrió para su sorpresa que había estado escribiendo y hablando en prosa toda su vida, pues el usuario el usuario descubrió que toda su vida había estado haciendo autoliquidación de sus aportes. Todo empresario que pagaba a sus empleados y cuánto era su aporte al Seguro Social, pues de otra manera su contabilidad no le cuadraba.


Pero si esto no fuera poco, el sufrido usuario se encuentra ante la perspectiva de que sus nuevas cotizaciones se evaporen los recursos de la Caja de Previsión de la Policía. El Doctor Antonio Yepes, Director del Instituto de Seguro Social en lugar de pensar en mejorar los servicios se pone a negociar las torres donde quedó el Bogotá Hilton. Un edificio totalmente inadecuado para atender el objetivo de sacar de la olla a un ente adscrito al Ministerio de Defensa. Las prioridades de las directivas del ISS continúan, de esta manera, totalmente alejadas de las de sus usuarios. En lugar de utilizar estos para modernizar los sistemas de información, eliminando los graves problemas existentes que han conducido al caos vivido en las últimas semanas, se piensa en comprar elefantes blancos. Ojalá que el gobierno se ponga los pantalones y ponga en cintura al ISS antes de que la competencia los acabe.  

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