lunes, 24 de julio de 1995

Bienvenidos a la era del BigMac

El temor al cierre abrupto de nuestras fronteras ha hecho que muchas familias acudan presurosas al centro comercial de la zona rosa antes de que el Ministro de Agricultura ante el clamor de destacados periodistas decida acabar con las llamadas importaciones superfluas.

El 14 de julio se inauguró el primer restaurante de la cadena MacDonald's en Bogotá.  El cubrimiento periodístico de la llegada de la cadena de los arcos dorados a Colombia ha emulado al de la llegada del hombre a la luna ocurrida hace veintisiete años.  Las colas de los aficionados a las hamburguesas han hecho que para poder entrar al Centro Andino sea necesario demorar casi el doble de lo normal.  El restaurante se encuentra lleno de padres e hijos con ganas de calmar fiebre, muchos de ellos afanados por un posible retomo al modelo de desarrollo económico que les privaría de gozar de una auténtica hamburguesa americana a los dos mil seiscientos metros de altura.  El temor al cierre abrupto de nuestras fronteras ha hecho que muchas familias acudan presurosas al centro comercial de la zona rosa antes de que el Ministro de Agricultura ante el clamor de destacados periodistas decida acabar con las llamadas importaciones superfluas.

La llegada de MacDonald's a Colombia es motivo de beneplácito no solo por lo que ello representa para el consumidor, que ahora tiene una posibilidad de gozar de una agradable comida en un ambiente familiar atendido con una gran eficiencia, sino también por lo que ello representa como ejemplo de madurez en la toma de decisiones en el campo económico.  El pais ha aceptado que el Departamento Nacional de Planeación tiene labores más importantes que hacer estudios para averiguar si se justifica una inversión extranjera en el sector de las comidas rápidas o si esta debe estar restringida a sectores estratégicos.  Las autoridades económicas, al fin, aceptaron que quien está dispuesto a arriesgar su dinero en una empresa incierta tiene mejor criterio que un tecnócrata sentado en su escritorio.

Los comensales de MacDonald's se han visto sorprendidos gratamente por la eficiencia de su servicio.  A pesar de las colas causadas por la curiosidad de los bogotanos, el servicio es rápido y la atención es muy similar a la de los Estados Unidos.  El contraste con otras cadenas de comidas es muy grande, pues mientras que en las otras se nota una gran diferencia con el servicio de los Estados Unidos en MacDonald's las cosas funcionan a pesar de la improvisación que caracteriza al colombiano.  Ir a este restaurantes es gratificante por que allí se nota una gran preocupación por el tiempo del cliente.  Contrasta la atención en este restaurante con la recibida en entidades como la Secretaria de Tránsito, en donde las demoras son eternas y en donde la falta de planeación hace que una diligencia que debería demorarse menos de una hora se convierta en un suplicio de más de un día.

La contribución de esta famosa cadena de comidas rápidas puede ir más allá de aumentar la competencia en el sector de las comidas rápidas y en brindarles una buena alternativas a las familias colombianas.  Los macroeconomistas tendrán una gran ayuda pues ahora podrán contestar lo que podríamos considerar como la pregunta del millón.  El saber el valor de equilibrio de la divisa americana va a ser una tarea relativamente fácil.  Ya no será necesario contratar un experto econometrista que nos calcule a partir del valor del déficit fiscal, los ingresos de Cusiana y el éxito del bloque de búsqueda cuál puede ser el verdadero precio del dólar.

Tal como lo ha demostrado la revista The Economist una medida bastante acertada del nivel de equilibrio de la divisa norteamericana es el cociente entre el precio del BigMac en un  país y el precio del BigMac en los Estados Unidos.  Por lo tanto, si este planteamiento es correcto los que han ido al nuevo restaurante además de gozar de una agradable comida podrán comprobar que el verdadero precio del dólar en Colombia esta alrededor de los mil pesos, pues el costo de este artículo en Colombia es mil veces su costo en Estados Unidos.

La evidencia anterior sin lugar a dudas será utilizada por el gremio de los exportadores para sus discusiones con el gobierno.  Los exportadores tendrán un argumento adicional para pedir un aumento en el ritmo de la devaluación de tal manera que la tasa representativa del mercado se equilibre con la tasa BigMac.  Los medios de comunicación tendrán un nuevo indicador para dar a conocer a sus lectores y los analistas sin tema podrán de vez en cuando comentar sobre las implicaciones que tiene un aumento del precio de la hamburguesa en la competitividad de la economía colombiana.


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