martes, 22 de agosto de 1995

El dólar de nuevo en primer plano

El fuerte impacto del acontecer político en la economía es algo relativamente novedoso en Colombia

La incertidumbre política ha tenido efectos devastadores en la economía.  El dólar experimentó un fuerte aumento en su valor a causa de la renuncia y posterior detención del Ministro de Defensa Nacional.  Como bien lo han anotado varios analistas económicos, lo que no pudo hacer el equipo económico del gobierno lo ha logrado la incertidumbre política que vive el país.  En Colombia, el freno a la revaluación real del peso no se obtuvo mediante una política fiscal austera sino que fue el resultado de las actuaciones del Fiscal General de la Nación.

El fuerte impacto del acontecer político en la economía es algo relativamente novedoso en Colombia.  Por mucho tiempo, las expectativas de los agentes económicos estaban basados en lo que acontecía en el frente económico.  El dólar subía en la medida en la que se percibía una crisis en la balanza de pagos y bajaba cuando se esperaba que debido a las circunstancias económicas fuera atractivo traer capitales.  La apertura de la economía y la participación de inversionistas institucionales que valoran altamente la estabilidad política ha cambiado de manera fundamental el funcionamiento del mercado de capitales y del mercado cambiario.  Si Colombia quiere atraer capitales y acelerar su desarrollo no solo debe mantener una política económica coherente sino que, además, debe garantizar un entorno político estable.

Lo peor que puede pasarle al país es minimizar la gravedad de la situación.  No podemos decir que este es el resultado de una conspiración fraguada en el New York Deli de la Avenida Chile y que con una declaración del Ministro de Hacienda se va a arreglar la situación.  No debemos perder de vista que la intervención en el mercado cambiario realizada por el Banco de la República fue similar a lo que se tenia presupuestado para todo el año.  No es lo mismo que el país pierda cincuenta millones de sus reservas internacionales en todo el año a perder esa misma cantidad en un solo día.

Lo que menos se debe hacer es responder con un incremento en los controles en el mercado cambiario.  La experiencia a escala mundial muestra que los controles a la negociación de divisas son impotentes para contener una fuga de capitales.  La existencia de controles en 1983 y 1984 no impidió que los agentes económicos sacarán más de dos mil millones de dólares de Colombia y que llevarán a la economía al borde de una crisis cambiaria.  En las circunstancias actuales, la manera más fácil de precipitar una crisis cambiaria seria la implantación de controles adicionales en el mercado de las divisas.  Esto se interpretaría, como el último recurso de una administración que ha perdido el control de la economía y confirmaría las peores expectativas sobre la economía colombiana.  Todo el mundo se dedicaría a comprar dólares disparando el precio del dólar y disminuyendo la posibilidad de perder en este juego de apostar en contra del peso.

La actuación correcta en estos casos es adoptar políticas económicas sanas y hacer más atractivo traer dólares a Colombia.  Las restricciones impuestas en el periodo de bonanza cambiaria que buscaban impedir la entrada de capitales deberían ser eliminadas.  No solo se mejoran los incentives para la entrada de capitales sino que, además, en un mercado más libre las señales son más claras y precisas.  En un mercado más transparente los desequilibrios pueden ser observados más fácilmente y en consecuencia la intervención de las autoridades económicas puede hacerse más rápidamente.

En las circunstancias actuales le cabe una gran responsabilidad a nuestro Banco Central.  Las ventajas de contar con un organismo autónomo, independiente del ejecutivo se pueden apreciar mejor en momentos de crisis.  Debido a su independencia y en buena parte a que el gobierno actual no tuvo la oportunidad de hacer nombramientos en el Banco de la República el mercado tiene plena confianza en los encargados de la política monetaria y cambiaria.  El país estaría en graves circunstancias si las ideas del actual gobierno se hubieran plasmado en una Ley que hubiera limitado la independencia del Banco de la República.  La economía estaría a la deriva en momentos como este en que se cuestiona al Presidente y a sus más allegados.  Ojalá que esta experiencia, nos lleva a archivar, para siempre, los intentos de volver a las épocas de un superministro de Hacienda.  Un país no puede confiar en conseguir a Superman como su ministro de Hacienda pues, como bien se sabe, a todo Superman le aparece su criptonita.  Un arreglo institucional con un Banco Central independiente es una mejor garantía de estabilidad.



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