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lunes, 5 de agosto de 1991

¿Contrato de Gestión o Concordato ?



En el caso de la Empresa de Energía de Santa Fé de Bogotá, más que un contrato de Gestión entre el Distrito y la administración, lo que se está haciendo es un convenio entre los acreedores, como el Gobierno Nacional, y la Empresa; es decir, el reconocimiento de que la segunda empresa más grande del país se encuentra en concordato.

La semana anterior el Señor Gerente de la Empresa de Energía de Santa Fé de Bogotá, hizo una muy buena presentación de la situación de su empresa en un programa de la televisión  que se presenta a la hora en que las carrozas se convierten en calabazas. Entre los temas tratados el que más me llamó la atención fue el del convenio que se pensaba firmar entre el Gobierno Nacional, representada por la Financiera Energética Nacional (FEN), y el Distrito.

La firma del Convenio marcará un hito importante en la gestión de las empresas oficiales. El Gobierno Nacional ha considerado importante definir una serie de compromisos que las Empresas deben cumplir a cambio del apoyo financiero. En el pasado, este trabajo sucio muchas veces se delegaba a los organismos internacionales. Las condiciones de aumento de tarifas, reducciones en la nómina y similares, por lo general aparecían en los contratos de préstamo con los organismos internacionales. Esta delegación del papel de malo no fue muy exitosa. El cumplimiento de las cláusulas de tarifas nunca fue muy estricto. En muy pocas ocasiones, se canceló un préstamo por incumplimiento de estas condiciones.

Como hemos mencionado anteriormente, el uso de los contratos de gestión es muy apropiado para manejar una empresa oficial. En esencia, la administración de la empresa define por una parte una serie de resultados que puede cumplir y por otra los recursos que requiere para poder alcanzar estas metas. El dueño de la empresa y los administradores, formalizan estos compromisos en un documento que después es utilizado para el control del cumplimiento de los compromisos adquiridos.

Este instrumento de control de gestión tiene una amplia utilización en el mundo. Electricité de France lo utiliza con muy buenos resultados. Las promociones de los funcionarios de esta entidad se hacen con base en la manera como los ejecutivos cumplen con los compromisos acordados en los contratos de gestión.

Estos contratos de gestión, se parecen a los compromisos firmados en los concordatos. La gran diferencia es que en estos casos el convenio se firma entre los acreedores y los dueños de las empresas; a cambio de recursos nuevos de crédito los dueños se comprometen a tomar una serie de medidas que les garanticen el pago parcial de las acreencias. Muchas veces los acreedores exigen la cesión de algunos activos de la compañía para irse pagando lo que se les adeuda.

En el caso de la Empresa de Energía, más que un contrato de Gestión entre el Distrito y la administración, lo que se está haciendo es un convenio entre los acreedores, como el Gobierno Nacional, y la Empresa. Pareciera entonces que el convenio en vez de mostrar una nueva era de manejo moderno de la empresa, es más bien el reconocimiento de que la segunda empresa más grande del país se encuentra en concordato.

El Doctor Lázaro Mejía ha estado respondiendo a las inquietudes de la ciudadanía. El Alcalde, tal vez por sus innumerables compromisos no ha tenido el tiempo de explicarnos que se va a hacer con los activos de la Empresa de Energía. No le hemos escuchado del señor Alcalde por qué ha consentido en perder el fuero de nombrar al Gerente de la Empresa. Para el ciudadano corriente hubiera sido mejor tener una empresa más pequeña pero autónoma que una Empresa grande pero sometida.

Los candidatos a la Alcaldía de Bogotá deberían pronunciarse sobre este importante punto. No es posible que cuando lleguen al poder tengan que someterse a unos acuerdos en los que no tuvieron participación.

lunes, 27 de mayo de 1991

Una luz en el campo de las tarifas de energía

Por primera vez los representantes del Gobierno han hablado de establecer los subsidios a los usuarios de bajos ingresos en forma explícita.

En las Jornadas de ACIEM (Asociación de Ingenieros Mecánicos Eléctricos y Afines) recientemente realizadas en Bogotá se discutió, una vez más, sobre las tarifas del sector eléctrico. El tema de las tarifas del sector eléctrico en general y el de las tarifas de la Empresa de Energía de Bogotá es bastante complejo y tiene muchos aspectos de interés. Para muchos analistas, el problema más grave de las tarifas de la Empresa de Energía de Bogotá consiste en que su nivel es insuficiente para cubrir los gastos de la Empresa y en especial los derivados del servicio de la deuda externa. Para otros, el mayor problema no se debe a que el nivel promedio de la tarifa es bajo, sino que más bien se origina en la existencia de una diferencia entre la tarifa que se le cobra a un determinado usuario y el costo de proveerle el servicio.

Como se ha venido sosteniendo en estas columnas, la creencia de que la solución de largo plazo para los problemas financieros de las Empresas del Sector Eléctrico se puede lograr mediante el aumento de las tarifas es totalmente equivocada. Esta creencia se basa en la hipótesis de que el aumento de precios no afecta el consumo. La experiencia colombiana ha mostrado que no hay nada más alejado de la realidad. Los empresarios y los consumidores han cambiado su comportamiento como consecuencia del aumento en las tarifas. Algunos han disminuido sus consumos, otros han sustituido el consumo de energía eléctrica por otros energéticos y otros han descubierto que el fraude es una alternativa mejor que pagar las enormes tarifas que les han impuesto las empresas de energía.

Aunque nadie puede negar hoy en día este hecho, todavía existen algunos encargados de tomar decisiones de política que creen que el efecto neto de un aumento en las tarifas puede ser positivo. Suponen que el aumento en los precios puede compensar el efecto causado por la reducción del consumo causado por el incremento en los precios.  Sin embargo, los estudios realizados sobre la demanda de energía eléctrica han mostrado que el efecto de un incremento en los precios en los ingresos de las empresas es prácticamente igual a cero. Esto es, un aumento de un 10 por ciento en la tarifa viene acompañado por una disminución del 10 por ciento en las cantidades consumidas.

La triste realidad de que el cambio en el nivel de tarifas no va a solucionar el problema financiero de las Empresas del Sector Eléctrico no debe paralizarnos. Es necesario en primer lugar, hacer que todo el mundo cubra los costos de proveer este servicio. De otra manera, en el largo plazo será imposible mantener un cubrimiento adecuado de este servicio.

Infortunadamente, el elevar las tarifas de los usuarios que están utilizando ineficientemente la energía eléctrica hasta hacerlo coincidir con el costo para la sociedad tiene el gran problema de que estos usuarios son de bajos ingresos. La solución obvia para llevar las tarifas a su nivel eficiente desde el punto de vista económico es hacer un ajuste gradual de las tarifas. Este ajuste se puede facilitar en la medida en que el subsidio que se ha incorporado en la estructura tarifaria se cambie por un subsidio explícito. Afortunadamente, parece que el Gobierno está contemplando esta posibilidad. Por primera vez los representantes del Gobierno han hablado de establecer los subsidios en forma explícita. Ojalá que lo que se escuchó en las Jornadas de ACIEM se convierta pronto en una realidad.

En la medida en que este subsidio sea concedido directamente por el Gobierno Central la situación financiera de las empresas podrá mejorar. El subsidio directo o explícito permitirá mantener los ingresos de los consumidores de bajos ingresos sin afectar negativamente las finanzas de las empresas.

Este subsidio no tendría que girarse mes a mes a las empresas sino que este podría abonarse como pago de las deudas que tienen las Empresas con el Gobierno Nacional. De esta manera, las Empresas que están contribuyendo a mantener un mejor clima social con unas tarifas subsidiadas verían recompensados sus esfuerzos con una disminución de la deuda que han contraído con el gobierno central para la refinanciación de las empresas.

Cuando el Gobierno asuma directamente la financiación de este subsidio, es muy probable que considere que esta ayuda debe irse marchitando. Este subsidio se iría disminuyendo, poco a poco, hasta desaparecer totalmente con el transcurso del tiempo.

Si bien es posible pensar que con el tiempo desaparecerían los problemas relacionados con los subsidios y las tarifas del sector residencial persistirían las distorsiones existentes en las tarifas de los sectores industrial y comercial. Para eliminar esta distorsión sería necesario disminuir las tarifas de los sectores industrial y comercial. Aceptar que estas tarifas sigan distorsionadas no solo mantendría una de las principales causas de los fraudes sino que también prolongaría los efectos negativos que tienen estas tarifas en la asignación de recursos.


Ojalá que la discusión sobre las tarifas del sector nos permita llegar a la conclusión de que la política tarifaria no debe ser un instrumento para mejorar los ingresos de la empresas sino más bien uno para lograr una utilización racional de los recursos. La regla de oro de las tarifas debería ser que cada quien pague lo que le corresponde, ni un peso más ni un peso menos.